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grato a Jehová; toda la grosura es de Jehová.
17 Estatuto perpetuo será por vuestras edades, dondequiera que habitéis, que ninguna grosura ni ninguna sangre comeréis.


COMENTARIO BÍBLICO.

LEVÍTICO 3.

1.

Sacrificio de paz.

Heb. shélem, de una raíz que significa "hacer paz" (Jos. 10:4) o "estar en paz" (Job 22:21), "hacer restitución" (Exo. 22:5), "completar [un pago]" (Sal. 50:14). La marca distintiva de la ofrenda de paz era la comida en común, celebrada dentro del recinto del santuario, en la cual prevalecían el gozo y la alegría, y durante la cual departían el pueblo y los sacerdotes. No era ésta la ocasión para efectuar la paz, sino que se trataba de una Fiesta de regocijo porque la paz ya existía.

Generalmente era precedida por una ofrenda por el pecado y por un holocausto. La sangre había sido asperjada, se había hecho la expiación, se había otorgado el perdón, y se había recibido la seguridad de la justificación. Para celebrar esto, el que había ofrecido el sacrificio invitaba a sus parientes, a sus siervos y a los levitas a comer con él. Toda la familia se reunía en el atrio de la congregación para festejar la paz que había sido efectuada entre Dios y el hombre, y entre el hombre y su prójimo.

No puede concebirse mayor gozo que el de estar en paz con Dios (Rom. 5:1). Este es el legado que Cristo dejó al decir: "La paz os dejo, mi paz os doy" (Juan 14:27). La paz de Cristo es esa tranquila seguridad que nace de la confianza en Dios.

Cristo pronunció estas palabras de paz a la sombra misma del Getsemaní y del Gólgota.

Sabía que tenía la prueba por delante, de modo que le salió al encuentro. Su corazón estaba lleno de paz y de amor. Sabía en quien había confiado, y tenía la seguridad de que el Padre lo amaba. Tal vez no pudiese ver más allá de los portales de la tumba. Quizá la esperanza no le presentara su salida del sepulcro como triunfador, ni le hablara de la aceptación de su sacrificio por parte de su Padre. Pero, por la fe, ya era vencedor. Sabía en quien había creído, y estaba seguro de que todo saldría bien.

Esta es la paz que Cristo nos legó. Significa unidad con el Padre; significa quietud, descanso, gozo y contentamiento; significa amor, fe, comunión y compañerismo; significa ausencia de preocupación, temor y ansiedad.

El cristiano que goza de esta paz tiene una fuente de fortaleza que no depende de las circunstancias. Está en armonía con Dios.

Como ya se explicó, los diversos sacrificios del AT eran oraciones encarnadas. Unían la fe con las obras. Expresaban la necesidad que el hombre tiene de Dios y su relación con él. El pueblo no podía ofrecer el incienso junto con sus oraciones, pero podía proporcionar el incienso. No podía ministrar la sangre, pero podía proporcionar el sacrificio. No podía entrar en el santuario, pero podía proporcionar los presentes y las ofrendas que hacían posible el servicio. No podía comer el pan de la proposición, pero podía proporcionar la "vianda … de ofrenda encendida para Jehová" (vers. 11).

"Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo" (Rom. 5:1), "porque él es nuestra paz" (Efe. 2:14). En tiempos de antaño, se invitaba a Israel a festejar el hecho de que 737 estaba en paz con Dios y el hombre, que sus pecados habían sido perdonados, que había sido restituido al favor del cielo. Estas eran ocasiones de gozo y gratitud, cuando ya se habían aclarado las incomprensiones y prevalecían la paz y la confraternidad. Debían participar los hijos y las hijas, los siervos y las siervas, junto con los levitas invitados. Todos se sentaban a la mesa del Señor para gozarse juntos "en la esperanza de la gloria de Dios" (Rom. 5:2).

El pueblo de Dios de estos tiempos haría bien en celebrar fiestas de regocijo por el hecho de que está en paz con Dios (ver Nota Adicional al final del capítulo).


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Author: Tonyp

Created: 2025-08-03 dom 17:22