Comentario Bíblico Adventista Tomo 2

c 1 Samuel 28:9-11

"nigromancia", como en el vers. 8, donde Saúl dice literalmente: "Consulta por mí, te ruego, por medio de la nigromancia" ("adivíname por un muerto", BJ). Nuestra palabra castellana "nigromancia" (o "necromancia") proviene de dos palabras griegas: nekrós, muerto, y manteía, adivinación, y describe el arte de indagar el futuro mediante una supuesta comunicación con los espíritus de los muertos.

Endor.

Un pueblo ubicado en la ladera septentrional del collado de More, frente al campamento de los filisteos, a 11,2 km de donde estaba Saúl con sus fuerzas en el monte de Gilboa. Todavía tiene el mismo nombre, Endôr.

9.

Adivinos.

Literalmente, "los que saben". Los adivinos pretendían tener un conocimiento especial del mundo invisible. Están clasificados con los nigromantes y, al igual que ellos, son aborrecidos por Dios (ver Lev. 19: 31; 20: 6, 27; Deut. 18: 11; 2 Rey. 21: 6; 23: 24; 2 Crón. 33: 6; Isa. 8: 19; 19: 3).

Para hacerme morir.

El edicto nacional de Saúl no consiguió la cooperación plena de todos sus súbditos. Con frecuencia los decretos imperiales no reciben el apoyo total. Las persecuciones romanas contra los cristianos no impidieron que sobreviviera el cristianismo y que floreciera en muchos casos.

Indudablemente los espíritus informaron a la mujer en cuanto a la identidad de Saúl (ver com. vers. 12). Por eso vio su vida en peligro (ver com. vers. 25). A pesar de comprender plenamente que sus artes ocultas estaban bajo el anatema real, las había practicado en secreto. No se daba cuenta de que desde hacía mucho Saúl mismo había estado turbado por malos espíritus (cap. 16: 14-16), y que ahora estaba completamente a merced de ellos.

10.

Ningún mal.

Saúl creía que, por ser el rey, estaba por encima de las leyes y que podía prometer una franquicia a cualquiera que lo ayudara a salir de su dificultad.

11.

Hazme venir a Samuel.

¿Por qué debía pedir Saúl que viniera Samuel y no otros? El profeta había sido guía y mentor del rey, y le había dado varias predicciones en el tiempo del ungimiento de Saúl que le provocaron gozo y paz cuando las vio cumplirse. Pero tan pronto como comenzó a manifestarse su temperamento despótico, disminuyó su respeto por el consejo divino. A su vez, este proceder se convirtió en indiferencia y llegó a ser odio, hasta que el rey descuidó todas sus responsabilidades administrativas en su intento de exterminar a su rival. El recuerdo de la bondad de David expresada en dos ocasiones diferentes todavía causaba encono en la mente enferma de Saúl, y éste comenzó a darse cuenta de que había fracasado ante la vista de muchos de sus súbditos a quienes veía desertar para unirse con David.

Irritadísimo por el silencio del cielo, buscó algún otro método para lograr a la fuerza una