Comentario Bíblico Adventista Tomo 2

afirmaciones acerca del indudable afecto que le tenían los soldados. Puesto que Saúl había hecho jurar a los israelitas (vers. 28), ellos se sentían personalmente atados por el juramento, en tanto que Jonatán -no habiendo jurado nada- no sentía ninguna obligación.

El país.

Es decir el pueblo (ver vers. 25).

c 1 Samuel 14:31-35

31.

Desde Micmas hasta Ajalón.

Una distancia de 21 km sobre la meseta montañosa de la Palestina central que descendía hasta la ondulada región de la Sefela, a 305 m por debajo de Micmas, pasando por cañones como el Wadi Selman. La principal carretera moderna de Jerusalén a Lida pasa por el Wadi Selman después de bifurcarse del camino que va al norte hacia Siquem, a 8 km al norte de Jerusalén. Una marcha común sobre un terreno tal, como el que hay entre Micmas y Ajalón, se consideraba como una jornada completa. El contexto implica que el ataque de Jonatán se efectuó muy temprano por la mañana (ver com. vers. 13). Si fue así, Israel persiguió al enemigo durante todo un día, deteniéndose apenas para recoger los despojos que deben haber sido grandes en este caso. Los filisteos habían reunido una gran cantidad de carros y caballos en Micmas. A eso se añadían lanzas, escudos, alimentos y otros diversos suministros que debe llevar un ejército. La proeza militar de los hombres de Saúl 518 habría sido una gran empresa para un ejército bien alimentado, y fue mucho mayor para una muchedumbre mal alimentada de campesinos indisciplinados como los que él dirigía. Esto debería haber sido una lección para Saúl, que todavía estaba dolido por el reproche y que sólo estaba celoso de su propia reputación. Pero una vez que afirmó los pies en las arenas movedizas del orgullo, cada intento débil e indeciso para zafarse tan sólo hacía que se hundiera más.

32.

Se lanzó el pueblo sobre el botín.

Era de noche, y los israelitas quedaron liberados de su voto (ver vers. 24). En su hambre mataron tanto vacas como becerros, y en su apresuramiento descuidaron la debida eliminación de la sangre (Lev. 17: 10-14).

34.

Que me traigan.

Como los fariseos de los días de Cristo, Saúl era puntilloso en cuanto a la observancia de las formas externas, aunque él mismo descuidaba deberes mucho más importantes. El pueblo fue otra vez leal a la orden de su rey. Cuán diferente habría sido la historia si Saúl hubiese reflexionado por unos momentos hasta qué punto la transgresión del pueblo se debía al pecado de él. ¡Cuántas oportunidades da el Señor a un hombre que prefiere rechazar el consejo divino, a fin de que se vuelva y lo busque con toda humildad! ¡Cuán difícil es que esa alma, cegada por el pecado, acepte tales oportunidades y haga como hizo el hijo pródigo: vuelva a la casa del Padre!

35.

Este altar fue el primero.