Comentario Bíblico Adventista Tomo 2

c 1 Samuel 29:10

rey como si hubiera querido dar la impresión de que había sido agraviado por esa ruda despedida (ver PP 747).

En un momento de desánimo, y no sabiendo qué camino tomar, David había dado pasos que lo pusieron en un dilema del que le resultaba completamente imposible escapar sin ayuda externa. Si desertaba de Aquis y luchaba contra los filisteos, iba a demostrar que era verdadera la acusación de los príncipes filisteos. Si luchaba contra Israel, lucharía contra el ungido del Señor y así ayudaría a los extranjeros para que dominaran su tierra natal (ver PP 746). Cuán misericordioso fue el Señor al usar la mala voluntad y el rencor de los filisteos para abrir la puerta, a fin de que David se liberara de la ignominia en que iba a caer cualquiera fuera el resultado de la lucha. 591

David se dio cuenta de cuánto mejor habría sido si hubiese permanecido en Judá. Si no hubiese sido porque por encima de todas las cosas deseaba ser leal a Dios, el Señor no podría haberlo liberado. Los pecados de David no eran tanto desviaciones conscientes y voluntarias del sendero de la rectitud, como debilidad de su fe y errores de criterio. Se vio frente a la necesidad de tomar decisiones rápidas, y no siempre esperó una respuesta divina, quizá confiando en que el cielo respaldaría sus ideas. De todo corazón debe haberse arrepentido de esos errores. Ahora se encontraba frente a frente con un bondadoso protector que le tenía confianza, le había sido amigable, pero al fin tenía que despedirlo debido a una presión política. Mientras David escuchaba la respuesta de confianza y amor del rey, debe haber sentido el peso de la vergüenza de su fingimiento, y también debe haberse emocionado nuevamente con gratitud porque -a pesar de su pecado- la misericordia de Dios había quebrantado la trampa en que había estado. ¡Cuán comprensivo es nuestro Padre celestial!

10.

Los siervos de tu señor.

La palabra 'adon, "señor", es el vocablo común hebreo para dirigirse a un superior. No debiera confundirse con la palabra séren aplicada a los príncipes filisteos (vers. 2, 6, 7), los gobernantes de las cinco ciudades (cap. 6: 17; ver com. Juec. 3: 3). Otra palabra, sar, generalmente traducida "príncipe", se usa como sinónimo de séren en 1 Sam. 29: 3, 4, 9 para referirse a los mismos gobernantes. En 1 Sam. 29: 4, 10 'adon parece aplicarse a Saúl, y en 1 Sam. 29: 8 la usa David cuando habla con Aquis. El empleo de estos términos quizá sugiera que Aquis no consideraba más a David como su vasallo, sino que con delicadeza le insinuaba a David que quedaba en libertad para irse de Filistea si así lo deseaba.

Levantándoos al amanecer.

Tal vez era una forma diplomática de decirle a David que si la luz del alba le encontraba a él y a sus hombres todavía en el campamento, los matarían los príncipes. Sin duda David experimentó un gran alivio ante esta exoneración oficial. Ya no podía haber ningún resentimiento porque él y los suyos no hubieran apreciado el asilo que bondadosamente les había concedido Aquis. Al ir hacia los suyos, sin duda David alabó a Dios por la protección y liberación divinas.

El relato de este capítulo ilustra la forma en que Dios procede para salvar a sus hijos.

Procura persuadirlos a que acepten los caminos del cielo, y sin embargo los deja en libertad de rechazarlos si así lo desean. Es así no sólo en la decisión principal de servir a Dios, sino en todas las decisiones -grandes y pequeñas- que se ve obligado a tomar el que procura vivir en armonía con los principios divinos. Es inevitable que habrá errores, y las pruebas consiguientes se convierten en evidencias que revelan el error de criterio. David eligió refugiarse en Filistea para protegerse de Saúl. Acomodando sus acciones a sus