c 1 Samuel 26:8-11
Abisai.
Nieto de Isaí. Abisai era hijo de 578 Sarvia, hermana de David, y por lo tanto sobrino de éste.
Joab, hermano de Abisai (1 Crón. 2: 16) era el jefe de las fuerzas de David.
8.
Déjame que le hiera.
Abisai no había aprendido la difícil lección de ser magnánimo con un enemigo. Saúl había iniciado una contienda de tribus entre Benjamín y Judá, y es evidente que Abisai llegó a la conclusión de que eso demandaba represalias. Saúl había arrojado su lanza contra David, pero había errado. En ese momento, según el criterio de Abisai, le tocaba su turno a David, y Abisai, como su gardaespaldas, se ofrecía para actuar en lugar de su tío.
9.
No le mates.
David tenía un criterio independiente. Tenía por norma no matar a nadie. Había dado forma a su filosofía de la vida no por tradición sino por los principios establecidos en la revelación divina. Entre los preceptos de la ley mosaica, con los cuales se había familiarizado David, estaba el siguiente: "No blasfemarás contra Dios, ni maldecirás al principal de tu pueblo" (Exo. 22: 27 BJ, vers. 28 en la RVR). David poseía un agudo discernimiento espiritual y entendía que esta ley prohibía que se atacara al rey. La interpretación espiritual que dio David a la norma mosaica estaba muy por encima de la de los dirigentes judíos de los días de Cristo, que trataban de mantener la letra de la ley en tanto que violaban su espíritu. La capacidad de David para interpretar correctamente las Escrituras tenía el apoyo de la dirección que recibía mediante (1) los profetas, (2) los Urim y el Tumim, (3) las indicaciones de la protección providencial que desde muchos años se presentaba en su vida, (4) las pruebas históricas del poder de Dios durante los siglos pasados, como le habían sido repetidas a los pies de Samuel en las escuelas de los profetas, (5) la inspiración recibida en su trato con almas afines llenas del mismo discernimiento espiritual, y (6) el don del Espíritu Santo que lo capacitaba para hablar por inspiración (ver 2 Sam. 23: 2).
10.
Vive Jehová.
David estaba contento de dejar todo en manos de Dios, y en ninguna forma intentaba determinar el camino que Dios debía seguir. Alegremente puso todos sus planes a los pies de su Maestro, para esperar con paciencia el desarrollo de los misteriosos procedimientos de Dios.
11.
La lanza.
David comprendía muy bien que necesitaba una prueba material de la forma en que procedió con Saúl. Mientras esperaba que Dios hiciera grandes cosas para él, sabía que él también tenía una parte que realizar en ese momento.