Comentario Bíblico Adventista Tomo 2

c 1 Samuel 26:17-19

Un profundo sueño.

¡Qué ánimo debe haber recibido David al darse cuenta de la protección del Altísimo, mientras él y Abisai se filtraban entre las filas de los soldados de Saúl! El milagro que hizo posible que esos hombres entraran y salieran a través de las filas de 3.000 hombres, hasta el mismo centro del ejército, sin ser advertidos, fue una prueba que demostró de qué lado de la contienda estaba la Providencia. Esta intervención condenaba la naturaleza voluble de Saúl, quien poco tiempo después de haber hecho una promesa violó su palabra e hizo exactamente lo opuesto.

17.

¿No es ésta tu voz?

Puesto que probablemente todavía era oscuro, Saúl sólo podía reconocer a David por la voz.

18.

¿Qué he hecho?

El proceder de David con Saúl fue respetuoso y lleno de una súplica amante. Podría haber dicho: "¿Por qué has violado tu pacto conmigo ante Dios? ¿Cuánto tiempo continuarás pecando contra mí y contra Jehová?" Pero esas palabras sólo habrían despertado la ira de Saúl. Se necesita tacto para reprochar de modo que la censura provoque un cambio de conducta en el que está en el error. El esfuerzo de David alcanzó todo lo que se podía esperar en un hombre tan endurecido como Saúl (ver vers. 21).

19.

Si Jehová.

David presentó delante de Saúl dos soluciones posibles que podrían parafrasearse de esta manera: (1) Si debido a un pecado de mi parte -cometido ignorantemente contra ti o contra todo Israel, sobre el cual tú estás ungido como rey-, Dios te ha impresionado para que ejecutes juicio contra mí, permíteme seguir las instrucciones de la Torah para buscar perdón en la forma establecida divinamente (Lev. 4). (2) Pero si por medio de chismes infamatorios y sugestiones calumniosas has sido impelido a perseguirme como a un rebelde, creyendo que trato de usurpar tu lugar, la prueba de En-gadi y la de aquí demuestran la falsedad de tales palabras y acciones. Por lo tanto, los que te incitan son malditos delante de Dios de acuerdo con las órdenes de la misma Torah (Deut. 27: 24-26), y tú no debes seguirlos ni ser guiado por su consejo. 579

Me han arrojado.

David abrió el corazón ante Saúl como en un rapto de desaliento. En vez de ser aceptado como siervo (vers. 18), cargo que con mucho gusto habría ocupado, había sido perseguido como un proscrito; su rey se había convertido en su enemigo, y aquel a quien gozosamente habría seguido con respeto ahora lo había obligado a huir como una perdiz por los montes (vers. 20). Pero mucho peor que eso, estaba siendo expulsado de "la heredad de, Jehová", la tierra de sus antepasados y de la religión que había sido su principal gozo y solaz durante todos esos años. Se había visto obligado a vivir en cuevas, en la soledad del desierto y entre los enemigos de su propio pueblo. Para entonces, el único refugio seguro para él y sus hombres era un exilio completo.