c 1 Samuel 24:9-11
humillado ante Dios. Con toda la sinceridad de su alma, quizá David anhelaba que Saúl experimentara el mismo compañerismo con Dios que él tenía. Por lo tanto, su obediencia no era un formalismo. Se inclinó con el corazón lleno de reverencia ante la jerarquía del rey y mostró solicitud por el hombre que estaba en ese cargo.
Cristo había aceptado a Judas como a uno de los doce. Lo había enviado en misiones de misericordia e intercesión. Lo había visto cambiar gradualmente hasta convertirse en el oponente crítico, porfiado y egotista, de todo su programa. Sin embargo, Cristo lo amaba y hubiera estado contento de convertirlo en uno de los dirigentes de su iglesia (ver DTG 260, 261, 664). Finalmente se inclinó ante Judas con todo el anhelo de su alma, y al lavarle los pies, sin palabras lo exhortó a que se entregara a Aquel que no vino para ser servido sino para servir. Pablo se irguió delante de Agripa para defender su nueva forma de vida.
También había tenido muchas evidencias del cuidado providencial del cual personalmente podía aferrarse. Los gobernantes habían cometido muchas injusticias con él. No debía pensar en ellas. Tenía el corazón lleno de ansiedad por el rey, quien exclamó al fin: "Por poco me persuades a ser cristiano" (Hech. 26: 28).
Las palabras de los que dicen.
Nótese cuán bondadosa y delicadamente David se dirigió al rey. En vez de culpar a Saúl por todos sus hechos, David aludió a la influencia de las lenguas falsas que rezumaban la maldad del interés propio e instigaban al rey usándolo para su propio beneficio. Por el pasaje del cap. 22: 7 se puede inferir que Saúl estaba influido por lenguas tales. Al igual que Saúl, más de un dirigente está rodeado de personas que lo siguen por los panes y los peces. La seguridad de la posición de ellos depende de la forma en que puedan adular al caudillo. Si hubiera un cambio de administración, quedarían sin apoyo. Los secuaces de Saúl habían puesto de lado la abrumadora evidencia del cuidado que Dios prodigaba a David. No prestaban atención a la estimación de Jonatán por "el hijo de Isaí". Aunque muchos estaban convencidos de los errores de Saúl, por razones personales lo apoyaban y echaban sombras sobre el nombre de David (ver Sal. 55: 3; 56: 5, 6; 57: 4; etc.). El hecho de que David fuera de otra tribu puede haber tenido algo que ver con los malos informes que se divulgaban, los que carecían completamente de fundamento.
Te matase.
Los lectores superficiales de las Escrituras piensan que hay un marcado contraste entre la filosofía del ojo por ojo de ciertos pasajes del AT y la filosofía del amor presentada en los escritos del NT. Pero aquí, siglos antes de los tiempos del NT, las acciones de David ilustran el mismo espíritu enseñado por Cristo en sus bienaventuranzas (Mat. 5: 11). Los hombres de David estaban dispuestos a amar a sus amigos, pero albergaban odio hacia sus enemigos.
En medio de todo eso, David reveló respeto por su peor enemigo (ver Mat. 5: 43-48).
Mira la orilla.
Tal vez Saúl había prestado poca atención a las palabras de David en cuanto a levantar la mano contra el ungido de Jehová, pero cuando vio el borde de su manto ante sus ojos y comprendió cuán cerca había estado de la muerte, tembló por la evidencia material de la