c 1 Samuel 24:5-8
hubieran desaparecido ciertas bendiciones y se hubiera visto dentro de ciertas restricciones.
Respondiendo a esa acusación, Dios permitió que Satanás afligiera a Job para demostrar la falsedad de su afirmación, así como también la rectitud de su siervo. David soportó la prueba al igual que Job; tenía tal comunión con Dios que cuando tuvo a su enemigo a su disposición, no sólo rehusó hacerle daño él mismo, sino que reprimió a sus hombres para que no cometieran ningún acto hostil en su nombre.
El corazón de David.
Es decir, lo acusó su conciencia. Los antiguos usaban la palabra "corazón" para describir la sede del intelecto (Prov. 15: 28; 16: 9,23; 23: 7, 12; Mat. 12: 34; Luc. 6: 45). La palabra "conciencia" sólo aparece una vez en el AT (Sal. 16: 7 en la RVR; en hebreo literalmente dice "mis riñones"). Este vocablo aparece 30 veces en el NT (en la RVR). Los seres humanos suelen decir que les gobierna la conciencia cuando, en realidad, con frecuencia les rigen los sentimientos. La conciencia es una guía segura sólo cuando está iluminada por la luz de lo alto. Saúl tenía la conciencia oscurecida, aun cauterizada con el hierro candente de los celos y la envidia (ver 1 Tim. 4: 2). David la tenía educada por Dios y, a semejanza de Pablo, en gran medida estaba libre de ofensa (Hech. 24: 16). Habiendo recibido la unción divina del discernimiento espiritual, había demostrado ser un verdadero dirigente. No había dependido de las costumbres y tradiciones de sus días, sino que poseía un conocimiento de lo que era correcto divina e intrínsecamente.
Reprimió David a sus hombres.
Quizá, al igual que los discípulos de Cristo, los hombres de David esperaban los puestos de honor que ocuparían cuando se estableciera su reino. Habían llegado al punto de no estar satisfechos con la escasa comida y los días y las noches de vigilante alerta, y por tener que huir. En ese momento, cuando Saúl estaba en su poder, todos alborozados pensaron que 570 habían triunfado y estaban impacientes por concluir sus largos desvelos. David los reprendió disculpándose aun por la pequeña libertad que se había tomado al echar a perder la vestimenta del rey. Tal vez les enseñó -como después le dijo al rey- que la única forma de lograr el verdadero éxito consiste en esperar la hora de Dios.
Abrahán esperó la sugestión de Dios, y pudo libertar a Lot, hombre que se precipitó por su camino siguiendo los dictados de su propia sabiduría. Moisés rehusó los honores de Egipto.
Sin embargo, después de años de prueba se convirtió en el profeta del Altísimo. El hombre que entra en el taller de la vida para convertirse en aprendiz de Cristo, ¿de qué otra forma puede realizar las obras de Dios?
Inclinó su rostro.
Su agudo discernimiento espiritual y profundo amor por la justicia impidieron que David odiara a Saúl, lo censurara ante otros y lo atacara en la primera oportunidad. David no necesitaba sentir la así llamada santa indignación por el trato que había recibido. En lo que atañía a la forma en que Saúl procedía con él, podía dejar eso con Dios. Tenía en el alma la tranquila confianza de que Dios estaba con él y hasta se compadecía del rey. Nadie habría estado más contento que David si Saúl hubiese sacrificado su egoísmo y se hubiese