c 1 Samuel 24:12-19
inocencia de David. Era el 571 triunfo de la fuerza espiritual sobre las hazañas físicas.
Juzgue Jehová.
El rey sólo podía hablar en términos de hazañas físicas, y cuando David refirió todo el asunto a Aquel que había ungido a Saúl, el rey sabía que tenía que confesar que era culpable. La respuesta de Saúl fue voluntaria, como lo fue la de Judas cuando devolvió el soborno que tanto había codiciado (Mat. 27: 3-5). Así será en el día del juicio. Cuando la inocencia y el sacrificio eterno de Cristo sean puestos en evidencia delante de las huestes congregadas de todos los siglos, se doblará cada rodilla y cada lengua aclamará la perfección del carácter de Cristo (Fil. 2: 10, 11).
Proverbio de los antiguos.
David no añadió lo contrario: "El bien sale de los justos", pero Saúl pudo sacar sus propias conclusiones y probablemente lo hizo. Si David hubiera estado tramando para perjudicar a Saúl, no habría perdido la oportunidad que se le había presentado pocos momentos antes.
Es natural que los actos del hombre reflejen sus sentimientos, de modo que de un corazón realmente impío salen malos hechos. Al presentar esto como una prueba adicional de su inocencia, David instaba al rey a comprender que cada individuo es responsable ante Dios por sus actos. Le aseguraba que sin tomar en cuenta la profundidad hasta la que había caído, Dios podía y, aún más, quería transformar su mala naturaleza. Todo lo que se necesitaba era la elección de Saúl y su cooperación.
¿A una pulga?
La declaración hace resaltar la humildad de David. Compárese con el proceder de la mujer de Tiro cuando pidió la ayuda de Cristo para su hija (Mar. 7: 24-30).
Más justo eres tú que yo.
Compárese la forma en que David respetaba a Saúl -como suegro y como rey- y su reverencia por el rey como ungido del Señor, con el arrebatado egoísmo de Saúl al tratar de matar a David por medio de Mical, su celo envidioso que lo convirtió en un demonio y su sed insaciable de la sangre del hombre que le había perdonado la vida. De los labios de Saúl brotó a regañadientes la confesión de la verdad cuando el calor de la magnanimidad de David derritió su gélido odio.
Jehová te pague con bien.
¡Qué notable cambio en el tono empleado en la crítica que Saúl dirigió a sus hermanos de tribu porque no podía conseguir informes de ellos en cuanto al paradero de David! (cap. 22: 8). Entonces el rey fue áspero y exigente, pero ahora su voz fue evidentemente tierna. Se emocionó tanto que lloró. Apenas podía creer que se había salvado por un margen tan