c 1 Samuel 24:1-4
Desierto de En-gadi.
Este capítulo debiera haber comenzado con el vers. 29 del capítulo precedente, tal como está en el texto hebreo usual. En-gadi es un bello oasis a orillas 569 del mar Muerto, en la desembocadura del Wadi el-Kelb, un cañón empinado y tortuoso que comienza a 12,8 km en el desierto de piedra caliza de En-gadi, a una altura de 368 m sobre el nivel del mar. En ese corto trayecto el lecho del wadi desciende 762 m hasta que llega al mar Muerto, a 398 m bajo el nivel del mar. Los escarpados riscos del desierto, de 610 m de altura, llegan hasta 2,4 km del mar, de modo que forman un formidable farallón al oeste del pueblo. Arriba en el wadi, a varios centenares de metros por encima de la base del risco, la bella vertiente de aguas termales de Eng-adi fluye de debajo de un gran peñasco, a una temperatura que se dice que llega a 28' C. En las laderas del wadi hay muchas cuevas, tanto naturales como artificiales.
En la actualidad se conoce este lugar como Engedi.
Los peñascos de las cabras monteses.
Algunas partes del desierto, al oeste del oasis, han sufrido de tal manera el efecto de la erosión que son casi intransitables. Pero hay un camino de Carmel, en Judá, que cruza los desiertos de Maón y En-gadi y desciende a este oasis por el Wadi el-Kelb. Quizá Saúl tomó esta ruta en su obstinada persecución de David.
Redil de ovejas.
Por toda Palestina los pastores usan las cuevas naturales para proteger en ellas sus ovejas de las inclemencias del tiempo. Por lo general, cerca de estas cuevas hay unos vallados circulares construidos de piedras y zarzas, llamados "corrales", los que durante el buen tiempo protegen las ovejas tanto de los hombres como de las bestias.
Cubrir sus pies.
"Para hacer sus necesidades" (BJ). Viniendo del exterior, Saúl no podía ver nada, pero los que estaban en la cueva podían ver con claridad pues tenían los ojos acostumbrados a la oscuridad.
La orilla del manto de Saúl.
Literalmente, "el ala de la ropa exterior de Saúl". Probablemente ese manto era la túnica exterior, sin mangas, amplia y que llegaba hasta los tobillos, que usaban las mujeres y también los hombres de alta alcurnia, tales como los reyes y sacerdotes. Sin duda los hombres de David reconocieron al rey por su vestido y por su apariencia personal. Aunque no se registra que hubiera una providencia divina de que el enemigo de David le sería entregado, ciertamente lo que dijeron los hombres puede haber sido verdad. Quizás a David se le presentó la oportunidad para demostrar las características que había fomentado. Si en esa ocasión hubiese matado a Saúl, habría demostrado que por lo menos en un sentido no era mejor que Saúl, el cual -si se hubieran invertido las circunstancias- se habría gozado en matar a David.
Satanás puso en duda la bondad de job, pretendiendo que éste habría maldecido a Dios si