Comentario Bíblico Adventista Tomo 2

El efod.

Por su crimen contra los sacerdotes, Saúl se había privado de los beneficios de los Urim y del Tumim, si era que en verdad el Señor se había comunicado con él por ese medio desde que fue rechazado (ver cap. 28: 6). No recibiendo más mensajes divinos, aquietaba su conciencia culpable viendo en cada oportunidad una revelación divina para él, en armonía con los anhelos de su mente enferma. Mediante la divina Providencia, y sin duda debido a la fidelidad de David para acatar la voluntad de Dios, llegó hasta él el efod que Saúl había perdido.

Las Escrituras no dicen exactamente cómo respondieron los Urim y el Tumim a la consulta.

Este silencio ha creado mucha especulación entre los rabinos. El Talmud babilónico afirma que el oráculo era llamado Urim porque añadía explicaciones a sus afirmaciones; era llamado Tumim porque sus declaraciones siempre eran completas. La tradición afirmaba que esas piedras eran las mismas en que estaban inscritos los nombres de las 12 tribus y que las letras necesarias para deletrear la respuesta sobresalían como las de una moneda. Las letras que forman los nombres de las 12 tribus no constituían todo el alfabeto hebreo, pero la tradición les añade los nombres: "Abrahán", "Isaac", "Jacob" y "Tribus de Jesurún" (Talmud, Yoma 73 a, b).

Dice Josefo: "Mediante esas doce piedras que el sumo sacerdote llevaba en el pecho y que estaban insertadas en su pectoral, Dios declaraba de antemano cuándo saldrían victoriosos en una batalla; pues un esplendor tan intenso refulgía de ellas antes de que el ejército comenzara la marcha, que todo el pueblo comprendía que Dios estaba presente para prestarle ayuda" (Antigüedades iii. 8. 9). Sin embargo, los Urim y el Tumim no eran las 12 piedras del pectoral sino 2 piedras de gran brillo, una a cada lado del pectoral. La aprobación era indicada por una luz que rodeaba la piedra de la derecha, y la desaprobación por una sombra sobre la piedra de la izquierda (ver PP 364). Las respuestas correspondientes a los Urim y al Tumim no siempre eran el equivalente de Sí o No (ver Juec. 1: 2; 20: 18; 1 Sam. 23: 11, 12), pero es posible que el sacerdote diera una respuesta en forma de una declaración breve para contestar a una serie de preguntas.

c 1 Samuel 23:10-12

10.

Destruir la ciudad.

Sin duda los habitantes de Keila estaban agradecidísimos por la ayuda de David, y quizá por el momento no pensaron en futuras complicaciones. En vez de permanecer en el bosque de Haret, David halló la ciudad abierta para él y sus hombres, y sin duda la población hizo todo lo posible para suplir las necesidades de ese gran grupo. Pero las noticias viajan rápidamente, y no pasó mucho antes de que se notificara a Saúl de los detalles del encuentro con los filisteos, y el cariz de la situación cambió súbitamente. Los de Keila se dieron cuenta de que se verían forzados a decidir, por un lado, entre la lealtad a Saúl con la consiguiente retención de su estado legal en Israel, y por otro lado, el inevitable rechazo de Saúl por ser amistosos con el proscrito David, con la consiguiente destrucción de su ciudad.

David reveló previsión al anticipar una situación tal, pero con toda su larga experiencia no sabía qué camino tomar. Había ido a Haret guiado por la dirección divina precisamente cuando se necesitaba su presencia para salvar a Keila. Sin embargo, sabía que si quedaba dentro de las murallas, actuaría contra el ungido del Señor e iniciaría una revolución civil contra la cual se rebelaba desde lo más íntimo del alma.

12.