Comentario Bíblico Adventista Tomo 2

El consentimiento de los hombres para seguir la conducción divina indica que durante los meses de relación con David, éste los había convencido de que primero necesitaban definir cuál era la voluntad de Dios, y después proseguir sin temor, confiando en que el cielo les abriría el camino. La misma cuidadosa investigación de la voluntad de Dios acerca de cada acto y proceder debiera caracterizar la conducta de los cristianos de hoy día.

Keila era un pueblo amurallado (vers. 7), pero sus inexpertos habitantes no podían competir con los experimentados soldados de Filistea. Saúl estaba a muchos kilómetros de distancia, pero cerca se hallaban David y sus hombres. La acción inmediata de éstos derrotó a los sorprendidos filisteos.

Se llevó sus ganados.

Tal vez los derrotados filisteos fueron expulsados hasta tan lejos dentro de su propio territorio, que David pudo obtener una indemnización por el daño hecho, o el ganado consistía en los bueyes que los filisteos habían llevado para transportar el grano en carretas.

No se nos dice cuánto del botín dio David a Keila y cuánto guardó para sus hombres. Varios centenares de hombres necesitaban muchas provisiones.

c 1 Samuel 23:6-9

6.

Abiatar.

Parece que el sobreviviente de Nob se encontró con David en Keila y le dio la noticia de la matanza (cap. 22: 20, 21). Aunque algunos han entendido que la expresión "a Keila" corresponde con la forma verbal que sigue, "descendió", generalmente se considera que la frase significa que Abiatar se encontró primero con David en Keila.

7.

Se ha encerrado.

Es evidente que David quedó suficiente tiempo en Keila como para que Saúl pensara que por fin lo había atrapado.

8.

Poner sitio a David.

Es probable que Saúl estuviera convencido de que Dios lo guiaba en su lucha contra David.

Un hombre puede pensar el mal por tanto tiempo, que éste se convierte en bien ante sus ojos, y a conciencia puede estar realizando los pensamientos 566 y las intenciones de su corazón. Por ejemplo, Coré estaba convencido de que Dios lo había nombrado para presidir la rebelión contra Moisés; María creía estar en lo correcto cuando censuró a la esposa de Moisés; y es evidente que Joacim, sin ningún remordimiento, rehusó aceptar la profecía de Jeremías acerca del cautiverio babilónico de Israel, y quemó el rollo profético (Jer. 36: 22-30).

Por el contrario, David anhelaba mantener la justicia y la dignidad de su pueblo ante las tribus circunvecinas, y también ayudar a cualquiera en Israel que pudiera estar sufriendo alguna desgracia. No se sublevó contra Saúl al ganar la simpatía de los miembros de su propia tribu. Tampoco luchaba -como lo estaban haciendo los filisteos- en procura de un botín obtenible mediante incursiones en los distritos vecinos.

9.