maligno y como que hubiera estado aguardando ansiosamente cualquier débil excusa para realizar los 563 propósitos de su mala naturaleza. Al recibir permiso del rey de Israel, Doeg no vaciló en levantar la mano contra el siervo de Dios, sin tener en cuenta la sagrada investidura de Ahimelec y la de sus compañeros. Ochenta y cinco hombres cayeron ese día ante la pasión de la codicia egoísta. Es grande el contraste entre el profeso fervor religioso de Saúl que preservó vivo a Agag (cap. 15: 20) y su frenesí que lo hizo capaz de perpetrar este acto de barbarie sin paralelo en la historia judía.
c 1 Samuel 22:19-23
19.
A hombres como a mujeres.
Los inocentes sufrieron con los supuestamente culpables. Quizá los habitantes de Nob no habían tenido nada que ver con el traslado a su ciudad del tabernáculo y de las familias sacerdotales (ver com. cap. 21: 1). Sin embargo, la furia insensata y satánica de Saúl arrasó a todo el pueblo. Una vez antes, los filisteos habían destruido la ciudad sagrada de Silo.
Eran los enemigos de Israel, y sin embargo no se registra que hubieran aniquilado a toda la población.
20.
Abiatar.
Hasta donde se sepa, el único sobreviviente de Nob. Huyendo "tras" David, probablemente no lo alcanzó hasta que éste había salido del bosque de Haret para ir a la ciudad de Keila (ver com. cap. 23: 2, 6).
21.
Dio aviso a David.
Es obvio que David no había oído antes la noticia. Por lo tanto, este versículo indica que la atrocidad había sucedido inmediatamente antes de la llegada de Abiatar a Keila y no en un tiempo anterior en relación con la visita de David a Nob.
23.
Quédate conmigo.
¡Qué gozo debe haber sido para David dar la bienvenida a Abiatar! Debe haber recibido ánimo al ver el Urim y el Tumim (cap. 23: 6) y saber que a pesar de la devastación de Nob, Dios había preservado el efod y al sacerdote que lo guardaba. Sin embargo, cuando David supo de la terrible tragedia, quedó lleno de remordimiento al comprender que había sido responsable de la muerte del sumo sacerdote y de los que habían perecido con él. Cuánto hubiera dado por no haber incurrido en ese acto de engaño. Con regocijo habría procedido de un modo diferente si hubiese podido vivir de nuevo el año. Pero no podía deshacer el pasado. Espantosa fue su acusación propia y sin embargo no podía hacer nada sino extenderse "a lo que está delante" (Fil. 3: 13).
Después de haber oído lo que hizo Doeg, David escribió el Salmo 52 (véase el sobrescrito de ese salmo). Quedó asombrado de que un hombre pudiera erguirse en arrogante antagonismo frente al plan de Dios en vez de descansar en su misericordia eterna. Con lengua afilada como una navaja Doeg había sembrado engaño y calamidad hasta el punto de que se convirtió en la misma personificación del fraude y del mal. Pero cosecharía lo que