Comentario Bíblico Adventista Tomo 2

c 1 Samuel 19:3-9

3.

Hablaré de ti.

La adversidad demuestra cuán sincera es una verdadera amistad. Bien sabía Jonatán que David no pensaba usurpar el trono, pero no podía convencer de eso a Saúl. La posición de Jonatán no era fácil pues tendría que oponerse a los deseos de un tirano, y se pensaría que era desleal a su propio padre. Sin embargo, como verdadero amigo, Jonatán dijo la verdad a David en cuanto a Saúl, no para asustarlo sino para prevenirlo y para asegurarle la lealtad de un verdadero amigo. Esto fue una verdadera prueba para Jonatán. Tenía que decidirse entre ser leal a su padre o ser leal a David. Era imposible que por más tiempo fuera leal a los dos. Demostró buen juicio comportándose de tal forma como para conservar su influencia sobre su padre y, sin embargo, salvar a David al mismo tiempo de una muerte segura.

4.

No peque el rey.

Unido a su amigo por vínculos aun más estrechos que los de la consanguinidad, con un amor "más maravilloso … que el amor de las mujeres" (2 Sam. 1: 26), y conociendo los pensamientos íntimos del corazón de David, Jonatán resultaba ideal para mediar entre él y Saúl. En el ruego de Jonatán ante su padre se manifestaron tanto el respeto por la autoridad como la más estricta obediencia a los principios. Como hijo de Saúl, conocía los argumentos que tendrían más peso para el rey: la victoria de David sobre Goliat y su continuo y leal servicio personal para el rey en toda oportunidad.

5.

Sin causa.

Con mucho tacto, Jonatán demostró a Saúl que no tenía razón para matar a David, y le hizo recordar que tenía amplios motivos para apreciar el leal servicio que éste le rendía.

6.

Escuchó Saúl.

¡Cuán eficaces son las palabras debidas en el momento apropiado! (ver Prov. 25: 11; Isa. 50: 4). Jonatán sabía que su padre estaba equivocado, no sólo en este caso sino también en muchos otros. Pero no habría ganado nada si hubiera reprendido a su padre por sus errores.

8.

Con gran estrago.

La Providencia le dio a Saúl otra prueba de la lealtad de David y del valor de sus servicios.

9.

El espíritu malo.

Ver com. cap. 16: 14, 15. El diablo sabía, desde el tiempo cuando fue ungido David, que estaba siendo preparado para ser rey. De modo que podía esperarse que el maligno