Comentario Bíblico Adventista Tomo 2

El alma de Jonatán.

La tierna amistad entre David y Jonatán es el ejemplo clásico de almas afines que se reconocen mutuamente ideales comunes y se regocijan con su relación. Jonatán ya había expresado desconformidad por el proceder de su padre y por su conducta (cap. 14 : 29).

Para él, las humildes y espirituales respuestas de David a las preguntas de Saúl -en las que daba toda la gloria a Dios por las proezas del pasado- fueron como agua refrigerante para un viajero cansado y sediento. Para Jonatán, el héroe de Micmas, deben haber existido tristes horas de desengaño y frustación debido a la falta de discernimiento espiritual de su padre.

No se daba cuenta Jonatán de que -en forma del todo desconocida para él- la misma fe en Dios y la entrega a su conducción estaban amoldando otra vida a unos pocos kilómetros hacia el sur.

c 1 Samuel 18:2-5

2.

Saúl le tomó.

David se convirtió en cortesano de Saúl, unido en forma estable a la casa real. El relato del pasaje del cap. 16: 14-23 dificilmente podría seguir a esta acción de Saúl (ver com. cap. 18: 1).

3.

Pacto.

Quizá hecho con posterioridad y registrado aquí a manera de introducción para el relato de la amistad de David y Jonatán. El pacto de amistad debe haber sido el resultado de innumerables conversaciones, de expediciones llevadas a cabo juntos, de un afecto maduro.

En la hermosa amistad de estos dos espíritus consagrados y ardientes tenemos el privilegio de contemplar algo de los sentimientos de Cristo cuando un día contemple en la vida de sus redimidos la misma visión espiritual, la misma humildad de alma, la misma tranquilidad de espíritu, la misma obediencia a los eternos principios de la verdad que reinaron en su corazón divino mientras estuvo aquí en la tierra. Así, pese a la intensa aflicción de su alma, quedará satisfecho (Isa. 53: 11). De gran gozo será el cielo para las almas afines, con una eternidad de compañerismo por delante.

4.

Jonatán se quitó el manto.

Su amor por David fue tan grande, que estuvo preparado para decir, como lo haría Juan el Bautista siglos más tarde: "Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe" (Juan 3: 30).

Contemplaba en David lo que una vez soñó que él mismo podría haber llegado a ser. Todos los rasgos loables de los dos caracteres fueron aglutinados por un verdadero afecto, y Jonatán comprendió que la felicidad consiste en amar antes que en ser amado. Cristo nos amó de tal manera que voluntariamente se despojó de todas sus prerrogativas divinas (Fil. 2: 6-8) a fin de que pudiera iluminar "a todo hombre" (Juan 1: 9).

5.

Salía David a dondequiera.

A semejanza de Moisés en la corte de Faraón, David recibió una preparación en asuntos