1 Samuel 16:21-23
21
Y viniendo David a Saúl, estuvo delante de él; y él le amó mucho, y le hizo su paje de armas.
22
Y Saúl envió a decir a Isaí: Yo te ruego que esté David conmigo, pues ha hallado gracia en mis ojos.
23
Y cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él.
c 1 Samuel 16:1-2
1.
¿Hasta cuándo?
Saúl se había convertido en un caudillo inspirador. Como el primer gobernante de un Estado con una nueva forma de administración, ejercía un poder casi hipnótico sobre el gallardo pueblo israelita, amante de su independencia. Pero rápidamente se había vuelto déspota, cruel, tiránico e implacable. Sin embargo, recuérdese que aunque el rey había rehusado el consejo de Dios y había separado a la nación de la conducción divina, eso no excluía personalmente a Saúl de la salvación. Nabucodonosor, por ejemplo, se gloriaba en el pensamiento de que su dios Marduk era más poderoso que Jehová, y sin embargo el Espíritu Santo lo conmovió mediante Daniel, hasta el punto de que exaltó al Dios de Daniel como el Altísimo (Dan. 4: 4-37).
Isaí de Belén.
Quizá Samuel conocía a algunos de los habitantes de Belén debido a sus visitas previas.
Aunque es probable que conociera a Isaí, no sucedía así con el resto de su familia (vers. 11, 12).
2.
Toma contigo una becerra.
Era completamente natural y adecuado que el profeta visitara Belén para ofrecer un sacrificio.
El arca estaba todavía en Quiriat-jearim. Se sabe que el santuario estuvo en Nob por lo menos durante una parte del reinado de Saúl (cap. 21: 1-6), pero no se nos dice si las fiestas anuales se celebraban allí como antes en Silo. Desde que cesaron de ofrecerse sacrificios en Silo, esto se había hecho en diversas ciudades por todo el país (PP 660). En tales reuniones, el profeta instruía al pueblo acerca del gran plan de salvación, y lo animaba para que enviara sus jóvenes a las diversas escuelas de los profetas a fin de elevar el nivel intelectual y espiritual de la nación. El rey no tenía pues por qué extrañarse de la visita de Samuel a Belén. En lo que atañe al pueblo, para el profeta era una obra rutinaria, similar a una reunión distrital de hoy día.
A ofrecer sacrificio … he venido.
No era de interés público que se conociera inmediatamente el ungimiento de David. ¿Acaso el ungimiento de Saúl no se efectuó en una forma muy parecida? Los 30 ancianos que respondieron entonces a la invitación para asistir a la fiesta, ¿sabían por qué Samuel había dado a Saúl el lugar de honor? No estuvieron presentes mientras Samuel y Saúl platicaron después de la fiesta (cap. 9: 25). Ni ellos, y ni siquiera el siervo de Saúl, fueron testigos del ungimiento realizado temprano por la mañana (caps. 9: 27 a 10: 1). Tampoco la familia de Saúl supo del ungimiento hasta el tiempo de la reunión de Mizpa para elegir un rey (cap. 10: 20-27). El ungimiento le resultó a Saúl una declaración del plan de Dios para su vida. Fue invitado pero no obligado a aceptar los requerimientos de Dios. Tal ungimiento no lo