Comentario Bíblico Adventista Tomo 2

c 1 Samuel 17:26-37

26.

¿Quién es este filisteo incircunciso?

Literalmente, "¿quién es el filisteo, este incircunciso?" David expresó con énfasis su desdén por el gigante que mantenía aterrorizados a Saúl y sus hombres. Con fe en Dios, una fe que Saúl también podría haber tenido, David no quedó impresionado en lo más mínimo por la estatura de Goliat. Si Saúl hubiese sido obediente a Dios, bien podría haber sido suya la victoria; pero Dios no podía concederle una victoria como ésta. Se alude a Goliat, en todo el capítulo, como "el filisteo". A David le costaba ocultar su desprecio por ese bravucón. Aun los reproches de su hermano (vers. 28) no lo acobardaron. De muchas bocas oyó lo que se decía de Goliat, y habló con tal determinación que la noticia pronto llegó hasta Saúl.

32.

Dijo David a Saúl.

¡Qué contraste: un humilde pastorcillo animando a tan experimentado y exitoso guerrero de Israel! Saúl, el único gigante de Israel (cap. 10: 23), comprendía que él debería haber sido quien aceptara el desafío de Goliat. Pero su conciencia culpable lo hacía temeroso. Si hubiese habido amor de Dios en su corazón eso habría sido suficiente para expulsar todo temor; pero no habitaba en él nada del amor de Dios. En su lugar sólo había el "tormento" de una conciencia culpable (ver 1 Juan 2: 5; 4: 18). Por el contrario, David irradiaba aquel espíritu de genuino optimismo y valor que es la insignia de "una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres" (Hech. 24: 16; cf. Sal. 51: 10, 11). era tan valiente como Saúl era cobarde.

36.

Ha provocado.

David era celoso del buen nombre de Israel y del Dios de Israel, como lo había sido Moisés antes de él (Exo. 32: 12, 13; Núm. 14: 13-16; Deut. 9: 26-29; cf. Eze. 20: 9). La inactividad del pueblo de Dios en un tiempo de vergüenza y crisis era más de lo que David podía soportar.

37.

Me librará.

Una vez Saúl había pedido grandes cosas de Dios y había intentado grandes cosas para él.

Sin embargo, después que el orgullo y la gloria del yo le habían llenado el corazón, le parecía insuperable cada obstáculo. En su esfuerzo por vindicarse se había olvidado de que todo es posible con Dios. La mejor forma en que Dios podía impresionarlo con su falta era permitiendo que en David se repitiera la protección providencial con que Dios lo había amparado en el pasado. El Espíritu de Dios una vez se había posesionado de Saúl. Ahora tendría la oportunidad de ver lo que él mismo podría haber sido si no se hubiera rebelado contra aquel Espíritu. Otra vez estaba en un dilema. Si rehusaba que luchara David, el ejército esperaría que él, como rey, fuera el paladín de su causa. Si dejaba que luchara David, y Goliat lo mataba, se habría perdido la batalla e Israel otra vez estaría bajo el yugo de los filisteos. Para salvar su propia vida y reputación Saúl envió a David al combate. Pero el mismo 539 medio que usó Saúl en un esfuerzo por salvar su reputación como rey y caudillo