Comentario Bíblico Adventista Tomo 2

interpreta esta declaración como un contraste entre la subordinación a la voluntad del pueblo expresada por Saúl (vers. 15) -una falsa humildad- y su nombramiento divino como dirigente (vers. 17).

La frase "Jehová te ha ungido por rey sobre Israel" parece ser una simple repetición de la declaración anterior: "¿No has sido hecho jefe de las tribus de Israel?" Además, Saúl había explicado su conducta pretendiendo que fue "el pueblo" el que guardó "lo mejor" de los despojos, con lo que quería decir que no pudo impedírselo (vers. 15). De acuerdo con la BJ, Samuel puso en tela de juicio la tentativa de Saúl de evadir la responsabilidad -"Tú eres pequeño a tus propios ojos", es decir, incapaz de ejercer un control eficaz sobre tus hombres- con una solemne afirmación de que Saúl era su caudillo. En los vers. 17-19 (ver vers. 1-3) se dice que Samuel hizo recordar a Saúl la responsabilidad personal que tenía en el asunto: (1) Jehová lo había ungido como rey, y por lo tanto como caudillo de Israel, (2) lo había enviado contra los amalecitas, y (3) le había ordenado que los exterminara. ¿Por qué no había obedecido? La obediencia siempre es algo central en nuestra relación con el Dios del cielo.

De acuerdo con la RVR, Samuel recordaba a Saúl lo que éste mismo había dicho al ser ungido (cap. 9: 21), cuando fue elevado desde un nivel muy humilde hasta ser el caudillo de Israel. No es el plan de Dios colocar a sus siervos donde no puedan ser tentados, ni arrojarlos en medio de la tentación, donde -cuando caen- debe perdonarlos y luego permitirles que continúen en pecado. El deseo divino es más bien rescatarlos para que puedan ganar la batalla contra el pecado aquí y ahora. El Espíritu Santo llevó a Cristo al desierto para que fuera tentado por Satanás (Mar. 1: 12). Saúl había recibido la evidencia indudable de que el Señor lo amaba y que sería su ayudador constante. Nunca podía acusar a Dios de que -conociendo su naturaleza egoísta- no le dio toda oportunidad posible de hacer lo bueno y vencer sus malos rasgos de carácter. El hecho de que Dios le diera otro corazón (1 Sam. 10: 9) no significaba que Saúl no pudiera volver a sus viejos hábitos de vida si así lo deseaba. ¿Se exaltaría Saúl? Si lo hacía, Dios tenía que humillarlo.

c 1 Samuel 15:20

20.

Antes bien he obedecido.

Sólo un corazón perverso y obstinado podía pretender hacer pasar la desobediencia como obediencia. Al hacer Saúl demostró cuánto se había alejado de las sendas de justicia. Fue cuando Eva

"vio" que el fruto del árbol prohibido era "bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para 525 alcanzar la sabiduría" cuando "tomó de su fruto, y comió" (Gén. 3: 6). Cuando uno se convence a sí mismo de que lo que Dios ha señalado claramente como un veneno moral es deseable para una vida más abundante, entonces abjura de su lealtad a Dios y presta juramento de lealtad al diablo. Cuando aparece como correcto lo que Dios ha dicho que es malo, uno puede estar seguro de que ha puesto los pies en terreno prohibido y está sin protección contra las tentaciones hipnóticas del tentador. Ha cegado su propia visión espiritual y endurecido el corazón (ver Efe. 4: 30; ver com. Exo. 4: 21).

Cristo advirtió a sus discípulos que llegaría el tiempo cuando cualquiera que los matara pensaría que estaba rindiendo "servicio a Dios" (Juan 16: 2). Desde los días de la iglesia apostólica (Hech. 26: 9-11; cf. 1 Tim. 1: 13) hasta el día de hoy, las más duras persecuciones contra los siervos de Dios se han llevado a cabo en nombre de la religión. Después de que termine el tiempo de gracia, hombres impíos continuarán con las formas externas de la religión con celo aparente hacia Dios (CS 672, 673). La más hábil artimaña del diablo es disimular de tal modo el error que parezca verdad. Por esta razón, en un tiempo cuando el máximo falsificador pondrá en acción sus esfuerzos con mayor éxito, el Testigo Fiel y