Todo lo que era vil.
Al destruir lo que, de todos modos, no valía la pena preservar, Saúl y sus hombres pretendieron haber obedecido la orden de Dios de destruir "todo" lo que era de Amalec (vers. 3). Al mismo tiempo, los israelitas victoriosos preservaron "lo mejor".
c 1 Samuel 15:11-12
11.
Me pesa.
"Me arrepiento" (BJ), "Estoy arrepentido" (NC). Ver com. Gén. 6: 6; Exo. 32: 14; Juec. 2: 18.
A muchos les resulta difícil reconciliar esta afirmación con 1 Sam. 15: 29, donde dice que Dios no "se arrepentirá, porque no es hombre para que se arrepienta". Ambas formas verbales proceden de najam, que Gesenio define como "lamentarse" o "apesadumbrarse" debido a la desgracia de otros y, por lo tanto, "compadecerse"; también, "arrepentirse" debido a las acciones de uno mismo. En ningún lugar dice la Biblia que el hombre se arrepiente de lo bueno que pueda hacer; sino sólo de lo malo. Sin embargo, se dice que Dios se arrepiente del bien que hace, tanto como del mal (ver Jer. 18: 7-10). "El arrepentimiento del hombre implica un cambio de parecer. "El arrepentimiento de Dios implica un cambio de circunstancias y relaciones" (PP 682). La palabra najam debiera traducirse de tal manera que expresara este pensamiento.
De acuerdo con el principio de la libre elección, Dios no hace de ningún hombre una mera máquina para llevar a cabo los propósitos divinos. Es cierto que esos propósitos finalmente se llevarán acabo (Isa. 46: 10), pero el individuo o la nación a quienes se pide que los realice no por eso renuncian al privilegio de acatar o rechazar lo que Dios les pide (ver Ed 174). El que dice primero "no quiero" pero cambia de parecer, es mucho mejor que el que promete ir pero después decide no hacerlo (ver Mat. 21: 28-32). En cada caso, si el instrumento de los deseos de Dios demuestra ser indigno, a Dios "le pesa" por la decisión del individuo, pero permite que siga el curso de acción que ha escogido y que coseche la semilla que ha sembrado. La decisión de Saúl de seguir sus propios deseos no torció en lo más mínimo el propósito eterno de Dios, pero sí significó una oportunidad para que Dios demostrara su longanimidad al permitir que Saúl continuara como rey. El resultado natural de causa y efecto es una de las grandes lecciones que debe aprender el hombre en este gran conflicto entre el bien y el mal.
Se apesadumbró Samuel.
Literalmente, "se encendió Samuel". Cuando este verbo se emplea en relación con la palabra "ira", generalmente se traduce "se encendió su ira". Este es el único caso del AT en que el verbo najam se traduce "apesadumbrarse". Es incorrecto traducir "Samuel estuvo enojado", pues se afirma a continuación que Samuel "clamó a Jehová toda aquella noche" (ver vers. 11). El profeta estaba tan chasqueado y perplejo que buscó al Señor de todo corazón para que le mostrara la forma de salir de la deplorable situación.
12.
Carmel.
No se trata del monte Carmelo donde Elías enfrentó a los profetas de Baal, sino de un pueblo a 11,6 km al sur de Hebrón, donde David se encontró con Nabal.
Levantó un monumento.
Aquí conmemoró Saúl su victoria, y luego fue a Gilgal, cerca de Jericó, quizá para reparar la