debían recordar que no se puede progresar con ejército ni con fuerza, sino con el Espíritu de Dios (ver Zac. 4: 6). Deberían haber estado dispuestos a seguir a su juez -Samuel- que los había conducido a través de más de una crisis durante las décadas de su ministerio. Pero una vez que su decisión en favor de una forma monárquica de gobierno había sido confirmada irrevocablemente, Samuel procuró que comprendieran que un dirigente no puede ir más a prisa de lo que los suyos están dispuestos a acompañarlo, y que las acciones del caudillo deben estar condicionadas por la elección voluntaria del pueblo. Aunque se daba cuenta de que había indecibles peligros por delante, no guardó resentimiento para con ellos, ni en forma alguna los abandonó para que siguieran sus propias inclinaciones.
c 1 Samuel 12:3-6
3.
Aquí estoy.
El anciano profeta no era egocéntrico. Procuró que los israelitas -entonces muy excitados como resultado de sus últimas victorias y felices por el nombramiento de un rey- tranquilamente hicieran memoria de la forma en que Dios los había tratado en lo pasado y que examinaran las perspectivas del futuro. En la monarquía recién establecida no se necesitarían más los servicios de Samuel como juez. El rey se rodearía de hombres de guerra (cap. 14: 52) y la influencia moral de Samuel sería sobrepujada por la fuerza física de las órdenes de Saúl. Con todo, Samuel todavía podía ser el portavoz de Dios y podía ser aún el canal por cuyo medio el Espíritu de Dios dirigiría a su pueblo.
Fue un tiempo de aguda crisis para Samuel, quien comprendió que en gran medida la eficacia convincente del mensaje que estaba por presentar dependía de su propia integridad de carácter. A no ser por esto, su consejo sería poco eficaz. Los israelitas lo conocían desde su nacimiento; sabían de su obra como profeta; eran testigos de su conducta como juez y profeta; conocían su carácter ejemplar; estaban familiarizados con la justicia y equidad de sus decisiones judiciales; les era fácil admitir que nunca se había enriquecido con su cargo; estaban convencidos de que su único propósito en la vida era poner en práctica las órdenes de Dios para el bienestar de ellos.
La vida de Samuel muestra claramente que el carácter, como una planta, crece gradualmente. Sus facultades habían sido regidas desde la niñez por un espíritu de consagración. Así como la savia proporciona los elementos para el crecimiento de la planta, también el Espíritu de Dios se convirtió en una 504 fuerza interior, silenciosa, que se difundía por todos sus pensamientos, sentimientos y acciones, hasta que todos los hombres pudieron ver que su vida seguía las pautas divinas. El carácter simétrico de Samuel era el resultado del cumplimiento de sus deberes, realizados bajo la dirección del Espíritu Santo. Así es hoy día: "En todos los que se sometan a su poder, el Espíritu de Dios consumirá el pecado" (DTG 82). Es tan plenamente posible ser un Samuel hoy en día como lo fue mil años antes de Cristo.
6.
Jehová.
Este Jehová a quien todos ellos habían invocado como testigo, "designó" -literalmente "hizo"- a Moisés y a Aarón, los protegió de la venganza de Faraón y los sacó de la casa de servidumbre. Sin embargo, al pedir un rey querían decir que Dios no podía protegerlos de los estragos de las bandas merodeadoras de las naciones circunvecinas, aun cuando estaban establecidos en sus propias ciudades y no eran más esclavos.