Comentario Bíblico Adventista Tomo 2

1 Samuel 12:15-25

15

Mas si no oyéreis la voz de Jehová, y si fuéreis rebeldes a las palabras de Jehová, la mano de Jehová estará contra vosotros como estuvo contra vuestros padres.

16

Esperad aún ahora, y mirad esta gran cosa que Jehová hará delante de vuestros ojos.

17

¿No es ahora la siega del trigo? Yo clamaré a Jehová, y él dará truenos y lluvias, para que conozcáis y veáis que es grande vuestra maldad que habéis hecho ante los ojos de Jehová, pidiendo para vosotros rey.

18

Y Samuel clamó a Jehová, y Jehová dio truenos y lluvias en aquel día; y todo el pueblo tuvo gran temor de Jehová y de Samuel.

19

Entonces dijo todo el pueblo a Samuel: Ruega por tus siervos a Jehová tu Dios, para que no muramos; porque a todos nuestros pecados hemos añadido este mal de pedir rey para nosotros.

20

Y Samuel respondió al pueblo: No temáis; vosotros habéis hecho todo este mal; pero con todo eso no os apartéis de en pos de Jehová, sino servidle con todo vuestro corazón.

21

No os apartéis en pos de vanidades que no aprovechan ni libran, porque son vanidades.

22

Pues Jehová no desamparará a su pueblo, 503 por su grande nombre; porque Jehová ha querido haceros pueblo suyo.

23

Así que, lejos sea de mí que peque yo contra Jehová cesando de rogar por vosotros; antes os instruiré en el camino bueno y recto.

24

Solamente temed a Jehová y servidle de verdad con todo vuestro corazón, pues considerad cuán grandes cosas ha hecho por vosotros.

25

Mas si perseveráreis en hacer mal, vosotros y vuestro rey pereceréis.

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COMENTARIO BÍBLICO ADVENTISTA

c 1 Samuel. Capítulo 12.

1.

He oído.

El reino de Dios se basa en el principio de la libre elección. El hecho de que Dios conozca el fin desde el principio en ninguna forma limita al hombre para que tome sus propias decisiones (ver Ed 174). Antes de que los israelitas entraran en Palestina, Dios les reveló que llegaría el tiempo cuando pedirían un rey (Deut. 17: 14). Al hacer esa revelación, no les expresó cuál era su voluntad en el asunto. Tan sólo desplegó ante ellos la forma en que se desarrollarían los acontecimientos.

En todo cuanto me habéis dicho.

Dios les había dado un rey que correspondía con los ideales de ellos -por lo menos en lo que concernía a la apariencia- y que también parecía estar a la altura de las normas espirituales deseadas por Dios. Durante los últimos meses Saúl había demostrado que estaba poseído por el Espíritu de Dios. Era apacible en su proceder, paciente con sus enemigos, humilde delante del Señor, obediente a los consejos del profeta, enérgico para la guerra, decisivo en las emergencias y se destacaba por su abnegación.

Os he puesto rey.

Si el Señor hubiese permitido elecciones en Israel, las aspiraciones políticas de las tribus más grandes sin duda habrían producido confusión y una amarga división. Al echar suertes, fue tomado uno de la tribu más pequeña. Israel debía comprender su continua necesidad de la dirección divina. Aunque los israelitas ahora tenían un rey de acuerdo con su deseo,