Comentario Bíblico Adventista Tomo 2

seguros de que las tribus darían alguna respuesta a su súplica. En su aguda desesperación virtualmente reconocieron sus faltas y se entregaron a la misericordia de sus compatriotas israelitas, a quienes habían desatendido en lo pasado.

c 1 Samuel 11:5-7

5.

Tras los bueyes.

Es evidente que Saúl había estado arando y regresaba con sus bueyes al anochecer. Josefo piensa que esto sucedió por lo menos un mes después de su nombramiento (Antigüedades vi. 5. 1). Puesto que su elección no resultó agradable para muchos, es indudable que volvió a su hogar para esperar las instrucciones del profeta que lo había ungido. ¿Qué habría sucedido si Nahas hubiera sitiado a Jabes antes de que Saúl fuera constituido como rey? ¿Y podía haber algo más esencial para el nuevo rey que tener 500 la ocasión de demostrar lo que valía, ante los descontentos que rehusaban reconocerlo como rey? El hombre y el acontecimiento se complementaban mutuamente. No tenemos nada que temer, a menos que olvidemos cómo ha guiado Dios a su pueblo en lo pasado. Esta experiencia asegura a cada humilde cristiano que es imposible que se halle en una situación para la cual Dios ya no haya provisto abundantes recursos.

6.

Vino sobre él con poder.

Esta expresión es la misma que se emplea para describir la experiencia de Saúl cuando volvía a su casa después de su ungimiento (cap. 10: 6, 10). Acerca del llamamiento de Gedeón, el registro dice literalmente que "el Espíritu de Jehová se vistió con Gedeón" (Juec. 6: 34). Así como Josué recibió la instrucción de acudir en ayuda de los gabaonitas -cuando los cinco reyes del sur de Canaán procuraban castigarlos por haber celebrado un tratado con los hijos de Israel- así también, sin tomar en cuenta el pasado, cuando Jabes necesitó ayuda ante el ataque de un enemigo, el Espíritu de Dios demostró que ya estaba en marcha la respuesta a su oración en procura de ayuda. ¡Gracias a Dios porque tiene mil formas para librarnos de cada dificultad que se nos presenta!

7.

Un par de bueyes.

Quizá la misma yunta con que había estado arando. ¡Cuán cercanos están los instrumentos con los que siempre Dios demuestra su poder! Moisés no necesitó los caballos y carros de Egipto. Su cayado de pastor se convirtió en la "vara de Dios". Gedeón no necesitó las lanzas de hierro indispensables para los filisteos. Fueron mejores unos pocos cántaros de arcilla y unas teas. Saúl no pidió un equipo especial. Sacrificando sus propios bueyes, convenció a Israel de su buena voluntad para gastarse y ser gastado a favor del Señor.

Resultaron contagiosas su energía e ingeniosidad, "y cayó temor de Jehová sobre el pueblo".

Una vez más demostró la realidad de que, regido por el Espíritu, sería guiado para hacer lo correcto en el tiempo debido. El yo fue completamente olvidado. Las críticas de los "perversos", que probablemente habían ocupado un lugar importante en el pensamiento de Saúl durante el último mes o algo más, se desvanecieron en la insignificancia. Bajo ese nuevo poder -extraño para él- Saúl sintió que aumentaba su valor. Confiado en el éxito, sin vacilar se puso del lado de Samuel para proporcionar protección a una ciudad acosada.