c 1 Samuel 11:8-11
8.
Bezec.
Bezec, el lugar de reunión de los ejércitos de las diversas tribus, está a unos 20,4 km al noreste de Siquem en el camino a Bet-seán, y a unos 16 km al suroeste de Jabes de Galaad.
No quedaba demasiado lejos para las tribus del norte, pero está a unos 67,6 km al norte de Jerusalén. De modo que resultaba imposible que muchos de la tribu de Judá se reunieran allí dentro del tiempo dado. Desde Bezec, a más de 300 m sobre el nivel del mar, los ejércitos podían descender a lo largo del Wadi el-Khashneh hasta el Jordán, que en ese punto está a cerca de 300 m bajo el nivel del mar. Vadeando ese arroyo podían llegar a la ciudad, a un par de kilómetros más hacia el este. Esta reunión de hombres armados pudo realizarse dentro de un período de seis días, y marchando desde Bezec durante la noche, Saúl pudo llegar a Jabes temprano por la mañana del séptimo día. A la mañana del sexto día el ejército con que contaba Saúl resultó suficiente para asegurar a los ancianos de Jabes que recibirían ayuda a tiempo.
11.
A la vigilia de la mañana.
Entre los antiguos hebreos la noche estaba dividida en tres vigilias militares. La primera vigilia se menciona en Lam. 2: 19. Gedeón y sus hombres cayeron sobre los madianitas "al principio de la guardia [vigilia] de la medianoche" (Juec. 7: 19). En ocasión de la tercera, o "vigilia de la mañana", fue cuando Moisés extendió su vara y las aguas del mar Rojo, volviendo a su cauce, cubrieron a los egipcios perseguidores (Exo. 14: 24-27). Después de marchar toda la noche, Saúl y sus tres divisiones cayeron sobre los desprevenidos amonitas durante la vigilia de la mañana -justamente antes del amanecer- y se riñó la batalla hasta el mediodía. La derrota fue completa: no quedaron dos enemigos juntos.
Muchas de las liberaciones providenciales de Dios se han producido en ese momento del día.
David puede haber estado pensando en la liberación del mar Rojo cuando cantó: "Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría" (Sal. 30: 5). A semejanza de las palabras del guarda que respondió: "La mañana viene, y después la noche" (Isa. 21: 12), la mañana trajo gozo a los ancianos de Jabes, pero la noche fue de ruina para Nahas y sus seguidores. La destrucción que tramaba para los hombres de la ciudad sitiada se volvió 501 sobre su propia cabeza y en medida doble.
Fue en el momento de la vigilia matutina cuando dijo el adversario de Jacob: "Déjame, porque raya el alba" (Gén. 32: 26). El despuntar de un nuevo día trajo consigo consuelo y seguridad.
Fue en la vigilia de la mañana (la cuarta vigilia, tal como se computaba en los días de los romanos) cuando Jesús llegó hasta la barca zarandeada por la tormenta en el mar de Galilea, y tranquilizó el corazón de los discípulos turbados con dudas en cuanto a su mesianismo (ver com. Mat. 14: 25). Fue en la vigilia de la mañana cuando el cielo envió el poderoso ángel con fulmínea velocidad hasta la tumba que estaba fuera de las puertas de Jerusalén, para que derribara la guardia de soldados y exclamara: "Hijo de Dios, sal fuera; tu Padre te llama" (DTG 725, 726).
Saúl no se detuvo a preguntar por qué los ancianos de Jabes no respondieron a la invitación de Samuel cuando se iba a nombrar un rey. No preguntó en cuanto a su pasado, cualquiera que hubiera sido. Estaban en necesidad, y el Espíritu Santo se posesionó de él para llevarles ayuda. Dios se interesa mucho más en nuestra reacción después de que reconocemos los errores, que en los errores en sí. Por su comportamiento posterior, los