Comentario Bíblico Adventista Tomo 2

esta distancia habría sido demasiado grande para que los hombres de Jabes de Galaad llevaran los cuerpos de Saúl y de Jonatán la misma noche en que sacaron los cadáveres decapitados y empalados de esos personajes del muro de la ciudad de Betseán (cap. 31: 11-13). El arqueólogo Nelson Glueck encontró varias pruebas muy claras que lo llevaron a identificar a Jabes de Galaad con los actuales montículos de Tell el-Meqbereh y Tell Abã Kharaz, que están a casi tres kilometros al este del Jordán, y que dominan el río Yabis después de que éste emerge de su profundo barranco en las colinas de Galaad y corre hacia el oeste hasta unirse con el Jordán (The River Jordan [El río Jordán, págs. 159-167). Esta ciudad había sido el hogar de las 400 doncellas cuyos padres fueron muertos porque no participaron en la guerra civil contra Benjamín, y que fueron dadas como esposas al residuo de esa tribu después de su extinción casi total (Juec. 21: 8- 14).

Muchos años antes de Nahas, Israel había estado sometido a los amonitas durante 18 años. Habría sido natural que los amonitas, resentidos todavía por su derrota a manos de Jefté, hubieran estado aguardando una oportunidad para recuperar el dominio de Galaad. Los gaditas y la media tribu de Manasés disponían de fértiles tierras regadas por los ríos Jaboc, Yabis y Yarmuk. Debido a que por su ubicación elevada no se veían afectados por el calor del desierto, sus viñedos y excelentes campos de pastoreo provocaban la envidia de los moradores de los desiertos orientales. Jabes de Galaad había resurgido de la ruina de días previos, pero probablemente sus habitantes no habían olvidado el brutal castigo que sufrieron después del asunto de Benjamín. Pero más fuerte que la enemistad entre los hombres de Jabes de Galaad y sus propios parientes, estaba el odio que sentían los amonitas contra todo Israel como resultado de la derrota que les infligió Jefté.

c 1 Samuel 11:2-3

2.

Afrenta sobre todo Israel.

Indudablemente Nahas no sabía que Israel deseaba una cohesión más estrecha de las tribus bajo el gobierno de un rey. Si los hombres de Jabes de Galaad conocían el plan -y todas las tribus estuvieron representadas cuando fue elegido Saúl en Mizpa (cap. 10: 17)-, pareciera que le dieron poca importancia. El proceder de Jabes de Galaad da una idea de la desorganización de la nación, no tanto debido a que necesitaba un rey sino porque había rechazado el plan del Señor. El egoísmo había aumentado hasta el punto de que cualquier solución ofrecida por Dios no iba a resultar aceptable para la nación en su conjunto (ver cap. 10: 27). Nahas no tenía una inquina especial contra los ancianos de Jabes más que contra el resto de Israel. Su propósito era demostrar su desprecio por todos los israelitas lesionando a algunos de ellos. De la misma manera el adversario de las almas provoca sufrimientos a alguna alma perdida, y luego se las ingenia para que sean despreciadas las huestes de los cielos pretendiendo que ese castigo es el resultado natural de servir a Dios.

3.

Enviemos mensajeros.

Parecería que desde que Israel estuvo sometido a servidumbre por los amonitas, Jabes había tenido poca relación aun con las tribus cercanas, tales como Isacar, Efraín y Benjamín. La ciudad no estaba a más de unos 50 km de Silo, y el ministerio de Samuel parece haber estado limitado mayormente a Efraín, Benjamín y Judá. ¿Podría haber sido que los hombres de Jabes de Galaad por tanto tiempo habían fomentado su inquina contra las otras tribus que no sabían que Samuel era juez? Hasta parece que nada sabían del nombramiento de Saúl.

Quizá no habían tomado parte en la campaña contra los filisteos; más bien se habían incluido sin estar dispuestos a participar de sus responsabilidades tribales. Ni siquiera estaban