Comentario Bíblico Adventista Tomo 2

Pasaron muchos días.

Se necesitaron 20 años para que los israelitas reconocieran que no era Dios el que los había dejado sino que ellos, por su egoísmo y rebelión, habían abandonado a Dios y por eso cosechaban amargura y sufrimiento. Una vez se necesitaron obreros para construir el arca, y se encontraron hombres dispuestos para la tarea cuando Dios delineó el plan. Cuando se necesitaron hombres para llevar el arca en sus diversas jornadas, se presentaron los levitas con buena disposición para ayudar a Moisés en el Sinaí. Al no cumplir Israel con sus responsabilidades, el arca cayó en manos de los idólatras, y se necesitó ayuda para llevarla de vuelta. Entonces fallaron los hombres; pero las bestias del campo obedecieron la dirección de Dios. Muy cerca estaban los que podían llevarla y guardarla con toda reverencia y orden. ¿Por qué no estuvieron listos para la responsabilidad? No se da ningún atisbo de su origen o genealogía que pudiera servir como base para algunas conclusiones. Todo lo que se consigna es que se necesitaron 20 años para que los israelitas aprendieran que la idolatría da malos resultados, y acudieran arrepentidos a Samuel. El arca quedó en la casa de Abinadab mientras Samuel fue juez, durante el reinado de Saúl y la primera parte del reinado de David, mientras se preparaba un lugar para ella en Jerusalén. ¡Cuán pacientemente espera Dios!

c 1 Samuel 7:3

3.

Quitad los dioses ajenos y a Astarot.

Una frase usada para representar a los diversos dioses y diosas a los cuales los israelitas adoraban cuando se olvidaban del Señor. Astoret (plural, Astarot) estaba asociada a los baales fenicios o cananeos, pues era la principal deidad femenina de éstos (ver com. Juec. 2: 13).

Se consideraba que esta deidad representaba los poderes reproductores de la naturaleza.

Por lo general, su culto consistía en orgías lascivas fomentadas muchas veces por mujeres dirigentes que se convertían en sus devotas y se conocían como "mujeres sagradas" o prostitutas del templo. Sin duda había en muchos hogares israelitas estatuillas de dioses filisteos y cananeos. Gradualmente el pueblo de Israel había caído bajo el dominio y control de los pueblos de la llanura con quienes tenía trato comercial (1 Sam. 13: 19) e intercambio social (Juec. 14). El hecho de que Israel dejara el arca en Quiriat-jearim durante muchos años y no hiciera nada para restaurar el servicio del templo o para proporcionar un debido lugar de descanso para el arca, muestra hasta qué punto se había 481 apartado de Dios. La historia no registra una deportación de los israelitas a las planicies costeras, similar a las deportaciones posteriores a Asiria y Babilonia. Sin embargo, Israel debe haber estado en relación con los filisteos en casi todos los tratos de la vida, sirviéndoles (1 Sam. 4: 9), pagando un tributo anual con diversas clases de productos y deleitándose en las orgías de los lugares altos tan comunes en todo el país. La restauración del arca de ninguna manera significaba que los filisteos dejaron de oprimir a los israelitas vencidos.

Samuel aparece ahora en el relato por primera vez desde la batalla de Afec, desempeñando el papel de un reformador que trató de que volviera a Dios un pueblo idólatra y egoísta. Tan sólo la imaginación puede describir lo que le significaron esos años mientras iba de un lugar a otro. No sólo visitaba los distritos próximos a Filistea; todo Israel oía sus súplicas, amonestaciones y oraciones, hasta que lenta pero seguramente en toda la nación hubo una convicción de pecado y de la necesidad de una renovada dependencia de Dios.

Gráficamente les describía la condición en que estaban en comparación con el plan que Dios tenía para ellos, y les prometía que serían liberados de los filisteos si tan sólo se convertían en verdaderos israelitas, literalmente, "gobernados por Dios". Sabía Samuel que si el pueblo