c 1 Samuel 1:20-22
La paz sólo sobreviene cuando cesan las hostilidades, cuando hay una victoria o una entrega plenas. Cuando Ana hizo esa entrega al Señor, descubrió que la enemistad de Penina y sus burlas dejaban de herirla. Podía decir con su Salvador: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Luc. 23: 34).
Elí prestamente reconoció la mano de Dios, y fue inspirado por el Espíritu Santo para indicar la aprobación divina. Cristo ejemplificó el verdadero espíritu de amor y discernimiento, e impartirá ese mismo espíritu a los pastores que dependen de él. Pero ya sea que lo reciban o no, lo comuniquen o no a otros, nada puede impedir que la más humilde oveja del prado divino escuche la voz de Dios y lo siga. Ana no dependía de las circunstancias. Dejó su caso en manos de Dios, y la respuesta vino inmediatamente.
20.
Samuel.
El nombre significa "oído por Dios", y como otros nombres personales de la Biblia estaba lleno de significado. "Samuel" fue un recordativo del pedido de Ana al Señor, un motivo de recuerdo de la promesa que hizo y un reconocimiento de la aprobación de Dios. El tiempo debía demostrar la verdad de todo esto. Desde su más tierna infancia, Samuel reconoció que era siervo del Señor.
22.
Ana no subió.
Para su madre, Samuel no era tan sólo un niño sino una ofrenda dedicada a Dios. Por tanto, procuró educarlo para él desde sus primeros años. Con mucha solicitud y oración atendió las necesidades físicas de su hijo, y dirigió los pensamientos de él al Señor de los ejércitos apenas tuvo uso de razón. Para poder cumplir más acabadamente su misión, no visitó a Silo hasta después de haber destetado al niño. ¡Cuán abarcante es la influencia de una madre en Israel! Son sumamente preciosos sus momentos ya se trate de una exiliada y esclava, como Jocabed la madre de Moisés, ya de un miembro perseguido en el hogar de un levita de Canaán. Teniendo esto en cuenta, Ana comenzó a trabajar no sólo para un fin temporal, sino para la eternidad. Tenía la responsabilidad de imprimir en un alma humana la imagen divina.
Tal fue también el caso de María, la madre de Jesús.
Más de una vez se ha confiado a una sierva del Señor la tarea de reavivar la decaída fe de un pueblo desanimado e inclinado al pecado, que había dejado de comprender que Dios usa lo necio del mundo para confundir a los sabios. Invitan a meditar la consagración de Jocabed a su tarea, la clara visión de Ana cuando trajo a Samuel al mundo, o el sentido de solemne responsabilidad de María cuando respondió al ángel: "He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra" (Luc. 1: 38).
Pero aunque la madre tenga los propósitos más serios, también al hijo le toca hacer su propia elección en la vida. Tal fue, por ejemplo, el caso de Sansón. Aun después de un largo período en el que buscó su propia complacencia, Sansón percibió una visión de Dios que lo indujo a dar su vida sin esperar recompensa, una consagración que lo colocó en la gran galaxia de los que triunfaron por la fe, como se registra en el capítulo 11 de Hebreos. A veces precisamente a aquellos a quienes Dios se propone usar como sus instrumentos para una obra especial, Satanás trata de emplear para descarriar a otros.
Para siempre.
Ver com. Exo. 12: 14; 21: 6. Con las palabras "para siempre" Ana quiso decir que Samuel