Comentario Bíblico Adventista Tomo 2

c 1 Samuel 1:11-17

Ana no se había obstinado en su dolor y autocompasión, ni se malhumoraba cuando su esposo le dirigía la palabra, sino que manifestaba un encomiable espíritu de dominio propio.

Buscaba refugio en el santuario.

11.

Lo dedicaré a Jehová.

Al aceptar Ana la dádiva espiritual que Dios le daba por medio de la fiesta, se sintió impulsada a suplicar que se le concediera un don más tangible: un hijo, prometiendo al mismo tiempo devolverlo inmediatamente al Señor para ser consagrado a su santo servicio.

Quizá Dios había esperado mucho tiempo que hubiera tal entrega. Podría haberle dado un hijo antes, pero ¿habría estado lista entonces ella para asumir esa responsabilidad?

La sabiduría mundana enseña que no es esencial la oración, y que para ella no puede haber una verdadera respuesta, porque ello violaría la ley natural, y que no puede haber milagros.

Es parte del plan de Dios conceder, en respuesta a la oración de fe, lo que no prodigaría de otra manera (CS 579, 580). ¿Por qué? Porque es parte del plan del cielo que el hombre se entregue en forma voluntaria tan plenamente al henchimiento interior y a la obra externa del Espíritu Santo, como lo hizo Cristo cuando estuvo en la tierra. En lo que atañía a Dios, no era necesario que Abrahán esperara 25 años el cumplimiento del pacto divino. Cuando el patriarca llegó al punto en que pudo entrar plenamente en el plan que el cielo tenía para él, Dios convirtió todos los fracasos pasados en peldaños de bendiciones. Así sucedió en el caso de Ana.

Pero Dios no le habló mediante un ángel. 456 Usó el medio establecido del sacerdocio, aunque era imperfecto y necesitaba una reforma. Dios reconoció que el deseo natural de Ana de tener un hijo finalmente se había convertido en una pasión por consagrar el más precioso de los dones a Dios, y él respondió a su petición mediante Elí.

14.

Ebria.

Elí, el guardián del santuario y la autoridad principal en ley y religión, juzgaba por indicios circunstanciales y no por los verdaderos sentimientos de los adoradores. Juzgó a Ana por el criterio de su propia experiencia con sus hijos. Sin embargo, no había llegado al punto desde donde no pudiera comprender la revelación de Dios que se iba manifestando. Mediante la experiencia de Ana, el Espíritu Santo le reveló que Dios tiene en cuenta los motivos del corazón.

16.

No tengas.

Con tranquilo dominio propio y acicateada por un reproche tal, con toda suavidad y con respetuosa deferencia por el que estaba en un puesto de autoridad, Ana se refirió a sus dolores íntimos que habían provocado la falsa interpretación de Elí, y sin temor afirmó su inocencia. Era el mismo espíritu con el cual Cristo respondería a sus acusadores.

17.

Ve en paz.