Comentario Bíblico Adventista Tomo 2

Hay una valiosa lección en esta experiencia. Los hombres no proceden del mismo linaje ni del mismo ambiente y, por lo tanto, no enfocan los problemas de la vida de la misma manera.

Cada uno cree que su propio método individual es el correcto. Con frecuencia, el resultado crea diferencias de opiniones, contradicciones y recriminaciones. Se intercambian palabras ásperas que separan familias, amigos y aun a seres que se aman. Se acrecienta el egoísmo y el orgullo mantiene la posición adoptada, sea sostenible o no. Este capítulo presenta un contraste notable entre las formas en que Saúl y Jonatán afrontaron tales situaciones. En su impaciente tiranía e intolerancia, Saúl creyó que él debía estar primero y que lo que decía era correcto y final. Cualquiera que no concordara con él debía ser eliminado, sin tener en cuenta los medios que se emplearan. Sin embargo, su mismo hijo enfocaba la vida desde un ángulo enteramente diferente. ¿Por qué existía esa diferencia entre padre e hijo cuando ambos habían participado, en gran medida, del mismo ambiente y de la misma preparación?

¿Iluminó Dios una vida y no la otra? ¿Nació Saúl para el mal y su hijo, por contraste, para poseer nobles rasgos de carácter? ¿Estaba obligado el pueblo a aceptar a Saúl con todas sus excentricidades y a tolerar toda su agresividad y sus procederes tiránicos?

La solución para estas preguntas se halla en las palabras de Pablo: "Sois esclavos de aquel a quien obedecéis" (Rom. 6: 16). Movido por su libre elección, el hombre da su servicio, sus pensamientos y su perspectiva de la vida a uno de estos dos amos; dos caudillos que representan normas diametralmente opuestas. Quizá Saúl sirvió a su propio yo durante toda su primera juventud. Quizá siendo niño fue un problema en la casa de su padre o un "matón" entre sus compañeros; sin embargo -al igual que Judas-, era un caudillo nato. Si esto es verdad, es fácil comprender la ansiedad de su padre cuando Saúl se ausentó de su casa mientras buscaba las asnas. Con todo, cuando Saúl fue ungido hubo una amplia demostración de que Dios lo aceptaba a pesar de sus faltas, y que le dio un corazón nuevo (cap. 10: 6 , 9 ). Pero Saúl rehusó caminar en la luz del cielo. Por contraste, Jonatán, el hijo de Saúl, eligió seguir otros intereses ajenos al yo. Desde temprano en la vida, Jonatán -mediante una entrega hecha con oración ante las providencias manifiestas de Dios- gradualmente había desarrollado las normas que rigieron su existencia. Su enfoque de la vida lo indujo a aceptar con gozo la sugestión de David. Esta experiencia, junto con otras, puede haber estado en la mente de David cuando cantó más tarde: "¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!" (Sal. 133: 1).

c 1 Samuel 20:13-15

13.

Esté contigo Jehová.

Estando en el campo, Jonatán se ligó con David mediante un solemne juramento, que no lo abandonaría, sucediera lo que sucediese. Si las noticias eran buenas, como él esperaba que lo fueran, no abandonaría a David. Por el contrario, si las noticias fueran malas, le notificaría la verdad y oraría a Dios para que lo bendijera mientras huyese para salvar la vida. Jonatán había estado convencido de la presencia de Dios con su padre cuando Saúl asumió las pesadas responsabilidades del reino. Pero desde que conoció a David recibió la impresión celestial de que el Señor también había preparado un destino excelso para David, y que ese destino se cumpliría a pesar de la maldad de Saúl para con él. Al proceder así, Jonatán demostró verdadera magnanimidad.

15.

De mi casa.

Por nacimiento Jonatán pertenecía a la casa que había jurado enemistad 553 a David. Sin embargo, reconoció el propósito de Dios de confiar el liderazgo de Israel a su cuñado. Por su