Se refiere a que ésta era la segunda proposición hecha a David.
c 1 Samuel 18:22-29
22.
Mandó Saúl a sus siervos.
Saúl deliberadamente no le había dado a Merab por esposa, pero en forma solapada hizo que llegara información al joven de que todavía lo quería como yerno. Tendió un lazo a David por medio de una campaña de chismes propagados en la corte. Los siervos mismos probablemente no se daban cuenta de la parte que inconscientemente desempeñaban en el drama.
23.
Siendo yo un hombre pobre.
Quizá David expresó su perplejidad por la duplicidad de Saúl. Sin embargo, no estaba amargado pensando tal vez que la decisión de Saúl se debía a que él era pobre.
25.
No desea la dote.
El interés de David había sido despertado con tanto tacto como para que no tuviera ninguna sospecha. Es un hecho que la idea le cayó muy bien. De ese modo, al mismo tiempo podía vengar a Israel de un enemigo ya antiguo y ganar la mano de una joven que quizá le parecía aun más adecuada para él que su hermana mayor, pero que quizá no podía casarse antes que la primogénita (ver Gén. 29: 26). Puesto que los padres eran quienes arreglaban los casamientos, David no advirtió nada malo en las intenciones de Saúl.
Cien prepucios.
En relieves egipcios se ven montones de prepucios cortados de enemigos caídos, presentados ante el rey y contados en su presencia como una evidencia de victoria. La propuesta de Saúl estaba, pues, de acuerdo con las costumbres paganas de la época.
26.
Antes que el plazo se cumpliese.
Esta cláusula pertenece al vers. 27.
27.
Doscientos hombres.
Cien era el número estipulado por Saúl. El rey había divulgado tanto este asunto, que se vio obligado a cumplir con su propio convenio. Así Dios otra vez llamó la atención de Saúl hacia el hombre a quien el Altísimo quería honrar.