Comentario Bíblico Adventista Tomo 2

en la fortaleza divina y la determinación de glorificar a Dios al llevar a cabo su voluntad. El móvil de David -expresado aquí y más tarde en su vida- no era el de hacer su propia voluntad ni llegar a ser famoso ante los ojos de sus prójimos, sino que "toda la tierra" supiera que había "Dios en Israel" (vers. 46).

c 1 Samuel 17:50-53

50.

Así venció David.

Cuán rápidamente una prueba siguió a la otra. Esta fue la tercera victoria de David en un día. Su primera victoria se presentó cuando Eliab se mofó de él diciéndole que no servía para nada sino para cuidar ovejas. Se habría justificado una respuesta áspera; en cambio, con tranquilo dominio propio, tan sólo dijo: "¿Qué he hecho yo ahora? ¿No es esto mero hablar?" (vers. 29). Un carácter tal no nace en un momento. Si no hubiese aprendido paciencia con sus ovejas, no habría tratado con paciencia a sus celosos hermanos. Evitando una querella, David demostró que dominaba su temperamento. Tal fue el caso de Cristo quien, habiendo demostrado su humildad ante la más dura provocación, dijo:"Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas" (Mat. 11: 29). Sólo así uno puede llegar a ser un verdadero conductor de otros. Esta es una lección que todos debemos aprender.

David ganó su segunda victoria cuando lo llevaron a la presencia de su rey. Mirando al animoso joven, el rey no pudo menos que contrastar la inexperiencia juvenil y falta de preparación militar con la astucia del guerrero experimentado. Si Saúl, con toda su imponente personalidad, había rehuido el combate con Goliat, ¿cómo podía intentarlo un mozuelo como David (1 Sam. 17: 33). Sin soñar siquiera en la posibilidad de una intervención sobrenatural, Saúl plantó semillas de duda en la mente de David, y lo incitó a llevar la armadura del rey. Pero otra vez, con cortés deferencia, David obtuvo la victoria sobre la duda aferrándose a su propósito inspirado 540 por el cielo de mantener su fe y total dependencia del Señor.

Todo esto lo preparó bien para su tercera victoria: la que obtuvo sobre el filisteo, que era la misma personificación de la blasfemia. Fue una victoria de las fuerzas espirituales sobre la fuerza de la materia bruta. En vista de los acontecimientos de los meses previos, ¡cuán necesario era que se enseñara esta lección a Israel! En respuesta a la maldición de Goliat, David clamó en triunfo: "Vengo a ti en el nombre" del "Dios de los escuadrones de Israel" (vers. 45). Una sencilla piedra del arroyo, unida a la habilidad de un muchacho y su confiada entrega al Dios eterno, dio a los israelitas una lección que nunca iban a olvidar, aunque raras veces la emularon.

51.

Huyeron.

Se hizo evidente la perfidia de los filisteos en el momento en que fue muerto su paladín.

Habían prometido convertirse en siervos de los israelitas si era muerto Goliat (vers. 9). Al huir, renunciaron al arreglo que habían propuesto al ejército de Saúl, y además demostraron que si Goliat hubiese vencido, habrían sido inmisericordes con Israel. La muerte habría sido preferible a la esclavitud que hubieran propuesto como un gesto de magnanimidad.

53.

Saquearon su campamento.