autorizaba para comenzar lo que se requería a fin de realizar su aparición pública como rey.
El registro demuestra que aun después de su elección en Mizpa, Saúl volvió a su hogar y esperó que el Señor dirigiera el paso siguiente.
La única diferencia entre el ungimiento de Saúl y el viaje de Samuel al hogar de Isaí fue 530 que para entonces ya había un rey, celoso de cada paso que daba el profeta, puesto que él le había anunciado a Saúl el repudio del Señor. Esa susceptibilidad sin duda aumentó muchísimo debido a la vacilación de Samuel para rendir culto juntamente con su rey. Puede haber pasado mucho tiempo entre los caps. 15 y 16.
c 1 Samuel 16:4-7
4.
¿Es pacífica tu venida?
Por la descripción dada en el cap. 9, es claro que la fiesta del ungimiento de Saúl se celebró en el lugar alto, en relación con una fiesta bien conocida de antemano. Pero la sorpresiva llegada de Samuel a Belén con una becerra, y el hecho de que convocara a los ancianos para que estuvieran presentes, naturalmente debía provocar muchas especulaciones. Los ancianos llegaron con temor y temblor, preguntándose qué cosa terrible habría sucedido.
Una reacción tal ante la inesperada llegada de un funcionario importante era enteramente natural y, en realidad, añade un matiz de autenticidad al relato.
5.
Sí.
Samuel aquietó todos sus temores y los autorizó a santificarse, es decir, a pasar por todo el procedimiento de la purificación ceremonial, lo que incluía lavar el cuerpo y los vestidos, como también continencia (ver Exo. 19: 10-15; 1 Sam. 21: 4-6). Personalmente Samuel se cuidó de que Isaí y por lo menos sus hijos mayores estuvieran purificados (1 Sam. 16: 5).
Entonces todos fueron llamados para ofrecer el sacrificio. Debía haber unas pocas horas entre el sacrificio y la fiesta, pues la becerra debía ser guisada y asada antes de que la comieran. Samuel aprovechó ese intervalo para conocer mejor a Isaí y a su familia. Que ellos mismos todavía no se habían reunido para la fiesta se ve por el vers. 11, donde aparece David viniendo del campo antes de que se sentaran para comer.
7.
Jehová mira el corazón.
El "corazón" se refiere al intelecto, los afectos y la voluntad (Sal. 139: 23; Mat. 12: 34; etc.).
Es el factor que preside para determinar el destino, pues como es el pensamiento del hombre "en su corazón, tal es él" (Prov. 23: 7). En su esencia, la libre elección es un asunto del intelecto, pero a menudo con gran influencia de los sentimientos y las emociones. Dentro de los límites del tiempo de gracia Dios invita a los hombres: "Venid luego... y estemos a cuenta" (Isa. 1: 18). El quiere que lo conozcamos y nos enteremos de su plan, porque "mirando a cara descubierta" somos transformados (ver 2 Cor. 3: 18). Dios se dirige al intelecto. La apariencia externa no revela los verdaderos motivos de la vida pues con frecuencia se interpretan mal las acciones. Cuando Moisés dijo a los hijos de Israel: "Amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón" (Deut. 6: 5), pensaba en la influencia guiadora que actúa en la vida por medio de una relación personal con Dios. El hecho de que los discípulos hubieran visto a Dios mediante una íntima relación con Jesús (Juan 14: 9) los fortaleció muchísimo en su entrega a los planes divinos para ellos. David había aprendido a conocer a Dios mientras