Comentario Bíblico Adventista Tomo 2

c 1 Samuel 10:16-24

16.

No le descubrió nada.

El sabio afirmó que hay "tiempo de callar, y tiempo de hablar" (Ecl. 3: 7). Cuán diferente fue la reacción de Saúl de la de Jehú (2 Rey. 9: 4-13) ante su ungimiento por el profeta. Si Dios era responsable por haber llamado a Saúl para que fuera rey, él haría conocer eso a quienes correspondía en el momento debido. Bajo el control del Espíritu Santo, Saúl obedeció las instrucciones de Samuel de que aguardara la dirección de Dios. A fin de ser idóneo para su alto cargo, Saúl primero debía aprender a dominar la lengua. Su reserva fue una evidencia de que estimaba debidamente la responsabilidad que ahora descansaba sobre él.

19.

Habéis desechado hoy a vuestro Dios.

497 ¡Cuán corto de vista es el hombre que piensa poner en pugna su sabiduría limitada contra la omnisciencia del Creador! Durante los días de los jueces, cuando las fuerzas armadas de Egipto recorrían el país vez tras vez, los israelitas se habían puesto a salvo de los ataques que habían subyugado una ciudad tras otra en Palestina. Desconocían que los señores egipcios volvían a su patria con la noticia de que no había nada que temer de los israelitas que moraban en las colinas. No sabía Israel que esos mismos ejércitos que recorrían el país fueron un medio para contener a las tribus cercanas que sin duda observaban con mirada codiciosa las bien regadas alturas al oeste del Jordán (ver com. Exo. 23: 28).

A través de toda la historia del mundo, los seres humanos han sido tentados a dudar de la conveniencia de obedecer los planes de Dios. Después del diluvio, Dios hizo un pacto con el hombre de que nunca sería destruida otra vez la tierra por medio de agua. En vez de confiar en esa promesa, los antiguos creyeron que debían construir una torre cuya cima no pudiera ser alcanzada jamás por ninguna inundación. En procura de seguridad, creyeron que debían construir ciudades y vivir en íntimo contacto con sus vecinos. Aun los judíos de los días de Cristo se habían olvidado de colocar primero el reino de Dios y su justicia, y dejar que Dios les añadiera lo necesario para suplir las necesidades temporales y materiales de la vida como a él le pareciera mejor.

En su anhelo por semejarse a las naciones que los rodeaban, los israelitas no comprendieron que estaban colocando un obstáculo más en los planes de su Rey celestial. Por ser entes morales libres, estaban limitando a Dios mediante su elección (Sal. 78: 41), y al hacer eso estaban sembrando las semillas de egoísmo y rebelión. La funesta cosecha era inevitable.

Sin embargo, Dios en su misericordia y longanimidad nunca los abandonó.

22.

El bagaje.

Literalmente, "las cosas". Es decir, las provisiones acopiadas para la reunión especial.

24.

Al que ha elegido Jehová.

Muchos formulan la pregunta: ¿Por qué eligió Dios a Saúl como rey sabiendo muy bien cómo