ayudantes ubicados en Beerseba, una de las ciudades más al sur del distrito que pertenecía a Judá. Nunca fueron jueces por derecho propio.
c 1 Samuel 8:2-5
2.
Joel.
El nombre de Joel, "Jehová es Dios", y de Abías, "Jehová es mi padre", indican que Samuel continuó deleitándose en servir a Dios, a pesar de la idolatría nacional. La declaración de 1 Crón. 6: 28 que presenta a "Vasni" como el primogénito de Samuel, debería 485 leerse: "Los hijos de Samuel: el primogénito, y el segundo [la expresión hebrea washeni, 'el segundo'], es decir Abías". Falta el nombre de Joel, pero el texto dice claramente que había dos hijos y que el segundo era Abías. La BJ no aclara este problema. Otra versión añade en cursiva: "El primogénito, Joel" (BC), y otra dice sin cursiva: "El primogénito, Joel, el segundo, Abías" (NC, 1 Paralipómenos 6: 28. [Este nombre equivale a Crónicas en la mayoría de las Biblias que llevan el imprimatur o autorización de la Iglesia Católica]). El plan de nombrar a los hijos como ayudantes para administrar ciertos distritos bajo la autoridad del juez principal también fue seguido por Jair mucho antes de los días de Samuel (Juec. 10: 4).
4.
Ancianos.
Heb. zaqan, de una raíz de significado dudoso, otro de cuyos derivados quiere decir "barbilla" o "barba". Los "ancianos" eran hombres de edad madura que ocupaban puestos de autoridad. Samuel organizó las tribus con jefes responsables en cada lugar, que informaban al "juez" local que jerárquicamente era inferior a Samuel. Esos jefes habían visto bastante de la conducta de los hijos de Samuel, por lo cual fueron directamente a éste.
5.
No andan en tus caminos.
La confianza de los ancianos en Samuel era tan grande que sabían que en ninguna manera era responsable por la impiedad de sus hijos. Razonaban que sería mejor pedir a Samuel que resolviera el asunto, que esperar una confusión después de su muerte cuando sus hijos posiblemente procurarían afirmar su propia autoridad.
Constitúyenos ahora un rey.
Dios había dicho mediante Moisés que llegaría un tiempo cuando el pueblo pediría un rey "como todas las naciones" (Deut. 17: 14). Quizá los ancianos citaban virtualmente este texto como una excusa para su pedido. Evidentemente el plan de Dios era que Israel fuese distinto de las naciones circunvecinas, y a través de los siglos desde el éxodo -de acuerdo con ese principio- lo había protegido y guiado por medio de jueces. Si -como les dijo Moisés- los israelitas hubieran seguido el plan de Dios para ellos, las naciones que los observaban habrían dicho: "Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es ésta" (Deut. 4: 6). Apoyándose en la diplomacia de que son capaces los orientales -estando en oposición a la voluntad de Dios y sin buscar su consejo- ellos hicieron conocer su mezquina decisión. Al principio tan sólo declararon que querían un rey para que los juzgara según la costumbre del mundo; pero cuando Samuel trató de advertirles acerca de la maldición que estaban por acarrearse, añadieron una segunda razón: "Nuestro rey nos gobernará y saldrá delante de nosotros, y hará nuestras guerras" (1 Sam. 8: 20). Una aclaración de las circunstancias en las cuales los ancianos de Israel pidieron un rey se da en cap. 12: 12: "Habiendo visto que