Y la cabeza.
A la segunda mañana Dagón no sólo estaba postrado otra vez sino que tenía la cabeza y las manos desprendidas del cuerpo y tiradas sobre el umbral del templo, lugar que debían hollar todos los que entraban. Privado de los emblemas de la razón y de la actividad, yacía allí en su verdadera fealdad: sólo un tronco deforme.
5.
No pisan el umbral.
Los sacerdotes no pisaban el umbral sino que pasaban por sobre él. ¿Estaría pensando en esto Sofonías cuando dijo: "Visitaré aquel día a todos los que saltan por encima del umbral" (Sof. 1: 9, BJ).
6.
Tumores.
El síntoma característico de esta plaga era una hinchazón dolorosa en forma de tumor.
8.
¿Qué haremos?
La derrota de Dagón delante del arca pareció crear en los señores de Filistea un resentimiento contra el Dios del cielo y una mayor fidelidad a Dagón. El todavía era la deidad que les había dado la victoria en el campo de batalla, y ellos lo habían honrado confiando el arca a su protección. Aunque admitían que había sido vencido en un conflicto personal, todavía era su dios y no se resignaban a rendirse ante la idea de reconocer la supremacía del Creador de todas las cosas. Una epidemia azotaba la ciudad. Esto, de acuerdo con todo razonamiento pagano, era la obra de la Deidad suprema de quien provenían tanto el bien como el mal. Por lo tanto, la única cosa que podían hacer era liberarse del símbolo ofensivo de la presencia de Dios. Pero Dios, que no hace acepción de personas, anhelaba que los filisteos reconocieran las dádivas de su providencia para ellos, lo mismo que esperaba de los judíos (ver PP 635-637).
Sin embargo, convencidos a regañadientes, los filisteos mantenían la misma opinión. Tal fue el caso de Faraón. Pero no era algo inevitable. Nabucodonosor no permitió que lo dominara el orgullo y, mediante repetidas revelaciones del poder protector de Dios, llegó al punto de apartarse de la idolatría y adorar al Dios del cielo (Dan. 4: 24-27, 34, 35). Así como Dios había mostrado a Faraón su poder restrictivo sobre las plagas, aquí demostró a los señores filisteos que podía detener la epidemia que asolaba su país. El orgullo impidió que tomaran cualquier decisión que significara liberarse de lo que para ellos era el verdadero origen de sus calamidades y que, precisamente, Dios quería que les resultara un medio de salvación.
10.
Los ecronitas dieron voces.
El egoísmo y la credulidad de los filisteos se manifestaron cuando cada ciudad, una tras otra, envió el arca a la ciudad vecina. Finalmente llegó a Ecrón, la más septentrional de las cinco principales ciudades de Filistea. El clamor de esa ciudad demostraba indignación por habérseles impuesto algo sin su consentimiento. La palabra traducida aquí "dieron voces"