c 1 Samuel 2:34-35
Pero Elí se rindió ante las exigencias familiares en vez de cumplir con su deber ante Dios en bien del pueblo. La virtud no se hereda; se adquiere. Los hijos de Elí heredaron una responsabilidad sagrada y un nombre honorable. Sin embargo, debido al egoísmo, de tal manera se habían convertido en siervos de Satanás, que merecían la reprobación unánime del pueblo. Cuando su padre dejó de ejercer su autoridad, se le advirtió que así 464 como la reverencia y la honra producen una cosecha de buen carácter y utilidad, también cuando se siembran irreverencia y deshonra, los resultados son pesares y chascos (vers. 32). "La ley del servicio propio es la ley de la destrucción propia" (DTG 577).
34.
En un día.
Puesto que Ofni y Finees habían abusado de las cosas del Señor, iban a sufrir una muerte violenta. Con la esperanza de desviarlos de su mal proceder, Dios descorrió brevemente la cortina del futuro. Habría sido natural esperar que los jóvenes corrigieran su conducta cuando oyeran esta profecía, a fin de no cosechar su cumplimiento. Dios sencillamente previó su condenación; no la predeterminó. El que ve el fin desde el principio conoce todo lo que afecta el ejercicio de Ia libre elección. Al amonestar a ciertos individuos en cuanto a lo que les depara el porvenir, Dios prueba al universo que es tal el libre albedrío que ha otorgado al ser humano, que ni ese conocimiento del futuro le impide realizar lo que se haya propuesto.
35.
Un sacerdote fiel.
Las Escrituras no indican con qué sacerdote se cumplió esta profecía. Algunos eruditos piensan que se refiere a Sadoc, del linaje de Eleazar, a quien Salomón dio el sacerdocio cuando Abiatar, del linaje de Itamar, fue desposeído debido a su colaboración con Adonías en una tentativa para apoderarse del trono de Salomón (1 Rey. 2: 27, 35). Otros piensan que se refiere a Cristo, y hay otros que piensan que la profecía se cumplió con Samuel y su obra.
Pero la lección importante de esta declaración debe buscarse en el hecho de que el hombre no puede impedir el cumplimiento final del deseo de Dios de restaurar su propia imagen en el corazón del hombre. A Israel se le había entregado el servicio del santuario con todo su minucioso simbolismo para ilustrar el medio por el cual obra Cristo. Con todo, aunque sacerdotes y gobernantes rechazaron el plan, todavía el propósito de Dios -que no conoce ni prisa ni pausa- avanzó ininterrumpidamente hasta su cumplimiento pleno. Si el hombre elige proceder así, puede asociarse con Cristo en el logro de esta meta; si rehúsa, él es el único culpable. No puede acusar a Dios de que tenga malos designios contra él.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-36 PP 616-628
1-3 PP 616
3 TM 446
6-10 PP 617
9 MC 380
11 PP 617