ESE 3T 25

EL SÁBADO ENSEÑARÉ…

El Sábado Enseñaré…

de la Escuela Sabática

GUÍA DE ESTUDIO DE LA BIBLIA EDICIÓN MAESTROS.

EL ÉXODO

3er TRIMESTRE JULIO – SEPTIEMBRE 2025

07 EL SÁBADO ENSEÑARÉ… El Pan y el Agua de Vida

RESEÑA

Introducción

COMENTARIO

El don del agua en Mara

Las codornices, el don del maná y el sábado

APLICACIÓN A LA VIDA

06 EL SÁBADO ENSEÑARÉ… A través del mar rojo

RESEÑA

Texto clave: Éxodo 14:13,14,30,31.
Enfoque del estudio: Éxodo 12:3115:21.

Introducción

El éxodo es el evento más extraordinario de la historia del pueblo de Dios en el Antiguo Testamento y aquel en el que intervino de la manera más espectacular. Después de comer el cordero pascual, los israelitas estaban listos para salir de Egipto. El faraón dio finalmente su consentimiento. Muy angustiado, el gobernante egipcio ordenó a Moisés y Aarón que fueran a adorar a su Dios. Todos estaban incluidos: hombres, mujeres, niños y rebaños.

Anteriormente, Moisés se había negado a partir si no se permitía a los israelitas hacerlo como familias completas además de su ganado. Dios proveyó también para el futuro de su pueblo, pues no salieron de Egipto con las manos vacías.

Además de rogar a los israelitas que abandonaran el país, los egipcios les dieron todo lo que pidieron: plata, oro y vestiduras, tal como Moisés les había ordenado. Estos artículos fueron una compensación por la remuneración que les había sido injustamente retenida durante tanto tiempo. Más tarde, los israelitas se enfrentarían a la disyuntiva de cómo utilizar estos dones. ¿Ofrendarían las telas, los ornamentos preciosos, el oro, la plata y otros materiales para construir el Tabernáculo (Éxodo 25:1-7) o darían las joyas de oro a Aarón para fabricar el becerro idolátrico de oro (Éxodo 32:1, 2)?

El tema de la "salida" se subraya tanto al principio del relato (Éxodo 12:37-41) como en su progresión (Éxodo 13:21, 22) y en la conclusión, donde se destaca que "el Señor salvó […] a Israel" (Éxodo 14:30, 31).

COMENTARIO

Antecedentes históricos

Para comprender el trasfondo histórico de Éxodo 12, considera lo siguiente:

1. Después de 430 años de permanencia en Egipto, Israel era ahora libre para viajar a la Tierra Prometida. Debido a la repetición de la palabra hebrea wayehi en Éxodo 12:41, traducida en distintas versiones bíblicas como "sucedió" (LBLA) o "fue precisamente ese día" (NVI), el texto enfatiza este período al afirmar que "el mismo día en que se cumplían los cuatrocientos treinta años, salieron de Egipto todos los ejércitos del Señor". En un primer momento, solo José estaba en Egipto; luego llegó toda la familia de Jacob. Al principio eran setenta personas (Éxodo 1:5), pero ahora eran "como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar las mujeres y los niños" (Éxodo 12:37; comparar con Éxodo 38:26), lo que significa que quienes salieron de Egipto fueron unos dos millones de personas. Moisés seguramente recibió entrenamiento militar durante su permanencia en el palacio del faraón, por lo que sabía cómo organizar a un número tan enorme de personas. El texto bíblico menciona que el Señor "sacó de Egipto a los israelitas, ordenados en escuadrones" (Éxodo 12:51; comparar con Éxodo 6:26; Éxodo 7:4; Éxodo 12:17, 41), lo que significa unidades o batallones "militares". El éxodo estaba bien organizado; sin embargo, se debe recordar que la caravana solo podía viajar tan rápido como sus integrantes menos resistentes, normalmente niños, ancianos, rebaños y manadas.

2. El éxodo ocurrió probablemente en marzo del año 1450 a. C. según los mejores cálculos de los eruditos conservadores, lo que significa que el inicio de los 430 años de permanencia de los israelitas en Egipto se remontaría al año 1880 a. C. ¿Cómo debe ser computada la extensión este período? Hay dos puntos de vista entre los eruditos conservadores acerca del cómputo correcto: (1) 430 años desde el tiempo de José hasta el éxodo, y (2) 430 años desde Abraham hasta el éxodo. Un análisis de estas dos opciones acerca de la permanencia en Egipto, ya sea solo "en la tierra de Egipto" (según el texto masorético hebreo del Antiguo Testamento) o "en la tierra de Canaán" y "en la tierra de Egipto" (según el Pentateuco Samaritano y la traducción griega antigua del Antiguo Testamento, o Septuaginta), además de la evidencia favorable a una permanencia más breve, está disponible en el Comentario bíblico adventista del séptimo día, t.1, pp. 194-196, 313-315, 557).

El Señor luchará por ustedes; ¡no pierdan la calma!

Los israelitas estaban geográficamente acorralados. Ante ellos estaba el Mar Rojo, a un lado había montañas, y detrás de ellos estaba el poderoso y bien entrenado ejército del faraón (para más detalles, ver las páginas 289 a 292 del capítulo "El Éxodo" en el libro Patriarcas y profetas, de Elena de White). Humanamente hablando, era imposible escapar de esa situación. El pueblo estaba aterrorizado. No es de extrañar que Dios los animara por medio de Moisés con las siguientes palabras: "No teman. Manténganse tranquilos, y verán la salvación que el Señor les dará hoy" (Éxodo 14:13). Mantener la calma y esperar la intervención de Dios no es natural para nosotros. Queremos luchar cuando deberíamos, en cambio, esperar la intervención de Dios, guardar silencio, y avanzar por su gracia y su poder.

Era un momento de gran tensión. ¿Cómo reaccionaría el pueblo? El desarrollo de los acontecimientos fue extraordinario: Dios dio la orden de avanzar. La columna de nube, que representaba la presencia invisible de Dios, se trasladó de la parte delantera a la retaguardia del pueblo, interponiéndose "entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel" (Éxodo 14:20). Moisés extendió su mano. Un viento del este dividió las aguas y dejó al descubierto la tierra seca. Israel marchó a través del corredor abierto en medio del mar. Los egipcios intentaron perseguirlos, pero el Señor confundió al ejército del faraón, y todos los soldados se ahogaron mientras que los israelitas llegaron a salvo al otro lado del Mar Rojo. Así experimentaron la espectacular victoria de Dios al salvarlos.

Egipto representa a quienes se oponen a Dios y lo rechazan. Los egipcios fracasaron por dos motivos: (1) se rebelaron obstinadamente contra Dios, y (2) desearon capturar y esclavizar a los israelitas. La codicia y la violencia los llevaron a la destrucción. Había una enorme diferencia entre servir al Señor, quien concedía gracia, libertad y salvación, y el servicio impuesto por el faraón y caracterizado por la obediencia ciega, las órdenes aterradoras, la esclavitud y, en última instancia, la muerte.

El Señor salva

En el centro mismo del libro de Éxodo se encuentra la frase crucial: "El Señor salvó ese día a Israel” (Éxodo 14:30), que opera como epicentro teológico de todo el libro, pues todo fluye hacia esa declaración y desde ella. Esta es la única ocasión en que se utiliza esta frase en Éxodo. La salvación vino del Señor. El verbo hebreo yasha' está repleto de teología, ya que significa "salvar", "rescatar", "redimir", y forma parte del nombre de Jesús (y de Josué e Isaías entre otros), que significa "el Señor salva" (ver Mateo 1:21). Dios salvó a todos los israelitas, mientras que todo el ejército del faraón pereció: “ No quedó ni uno de ellos" (Éxodo 14:28). La victoria del Señor fue gloriosa y total.

En respuesta a la poderosa liberación divina en favor de ellos, los israelitas reverenciaron a Dios y confiaron en él (Éxodo 14:31). El texto menciona que esta reacción positiva ocurrió cuando vieron el despliegue del gran poder del Señor contra los egipcios. Probablemente el objetivo del faraón y su ejército haya sido matar a muchos de los israelitas como demostración de su poder y volver a esclavizar amargamente al resto. Esto no ocurrió gracias a la amorosa y justa intervención de Dios. La respuesta de Israel fue prorrumpir en alabanzas expresadas en forma de cántico.

Los cánticos de Moisés y María

Como broche de oro del milagro del éxodo, Moisés ordena a los israelitas que alaben al Señor mediante un cántico cuya letra consta de una exquisita poesía cargada de ricas imágenes (el trasfondo de esta alabanza grupal se encuentra en Éxodo 15:19). Los cánticos de Moisés y María eran expresiones de victoria y gratitud. El Señor es presentado en ellos como poderoso Guerrero. La frase culminante es "el Señor reinará por los siglos de los siglos" (Éxodo 15:18), y puesto que es el Rey exaltado y eterno Moisés declara que el Señor es su fortaleza, su canción, su salvación y su Dios; por eso lo alabará y lo exaltará (Éxodo 15:1, 2). Nadie es como él, "magnífico en santidad, terrible en prodigios, autor de maravillas" (Éxodo 15:11). Moisés se dirige al Señor y lo glorifica: "Con la grandeza de tu poder has trastornado a los que se levantaron contra ti" (Éxodo 15:7) y continúa: "En tu bondad condujiste a este pueblo que rescataste; lo llevaste con tu poder a tu santa morada" (Éxodo 15:13). Este lugar, al que se hace referencia en Éxodo 15:17, se denomina "santuario" y está situado "en el monte de tu herencia". El poema es un cántico profético que tiene en mente el templo de Jerusalén.

La canción está formada por siete estrofas temáticas: (1) la exaltación de Dios (vers. 1-3); (2) la victoria del Señor sobre el faraón (vers. 4, 5); (3) la majestuosa grandeza de Dios (vers. 6,7); (4) el poder creador y el juicio del Señor (vers. 8-10); (5) la singularidad de Dios (vers. 11); (6) el amor del Señor y la redención de su pueblo de manos de sus enemigos (vers. 12-16a); y (7) el descanso que Dios da como Rey a su pueblo en la Tierra Prometida (vers. 16b-18). En Éxodo 15:6,11 y 16 se repiten dos frases como un recurso enfático. El poema se hace eco del relato de la Creación de Génesis 1 y 2, y señala así un nuevo comienzo para el pueblo de Dios, la creación de Israel como nación liberada.

María era considerada una profetisa. Su breve cántico (Éxodo 15:21) repite muchos de los motivos del de Moisés (Éxodo 15:1), pero hay una diferencia importante entre ambas expresiones de alabanza. María insta enfáticamente (se utiliza una forma verbal imperativa) a todas las mujeres a alabar al Señor con panderos. Su corazón rebosa de gratitud y lidera a las demás en la expresión del mismo sentimiento. Lo más probable es que ellas entonaran todo el cántico, abreviado en el relato escrito, con las primeras líneas como título.

En el mar de cristal, los redimidos cantarán el cántico de Moisés y del Cordero (Apocalipsis 15:2-4). Estos himnos de liberación y victoria reflejan el amor, la justicia y el poder de Dios.

El apóstol Pablo emplea la imagen del cruce del Mar Rojo como metáfora del bautismo de Israel en Cristo (ver 1 Corintios 10:2).

APLICACIÓN A LA VIDA

  1. Confiar en el Señor y en sus promesas es a menudo difícil, especialmente en tiempos peligrosos, cuando su ayuda no es visible y no llega inmediatamente. ¿Qué significa mantener la calma para ver la liberación de Dios?
  2. El Señor dijo a Moisés que no solo orara, sino también siguiera adelante. ¿Lucha Dios en lugar de nosotros en todas las situaciones de la vida o espera que hagamos nuestra parte en respuesta a su conducción? ¿Cómo podemos saber cuándo esperar y cuándo actuar?
  3. ¿Por qué necesita Dios a menudo animarnos diciéndonos: "No temas"? ¿Por qué nos desanimamos tan fácilmente?
  4. ¿Cómo fue glorificado el Señor mediante la derrota del faraón y su ejército? ¿En qué consiste la gloria de Dios?
  5. ¿Cómo podían los egipcios saber que Dios estaba actuando mediante las calamidades que se abatían sobre su tierra?. 🔚

05 EL SÁBADO ENSEÑARÉ…

RESEÑA

COMENTARIO

APLICACIÓN A LA VIDA

04 EL SÁBADO ENSEÑARÉ…

RESEÑA

COMENTARIO

APLICACIÓN A LA VIDA

03 EL SÁBADO ENSEÑARÉ… Un comienzo difícil

RESEÑA

Texto clave: Éxodo 5:1,2.
Enfoque del estudio: Éxodo 5:17:7.

Introducción

La situación de Israel cambió de manera inesperada. Dios prometió que sacaría a su pueblo de Egipto, pero en lugar de eso vieron cómo su vida empeoraba. El faraón les exigía cosas que no eran razonables. Además, se negó a dejar que los israelitas fueran a adorar a Dios. Las circunstancias eran tan malas que los israelitas “no escuchaban" a Moisés "a causa de la congoja de espíritu y de la dura servidumbre" (Éxodo 6:9). Aun así, Dios pidió a Moisés que hablara de nuevo con el faraón. Pero Moisés se opuso dos veces a la orden de Dios: "¿Cómo me escuchará Faraón" (Éxodo 6:12, 30) cuando ni siquiera los israelitas prestan atención a lo que digo pues soy "torpe de palabra"? (Éxodo 6:12).

Esta sección del libro de Éxodo (Éxodo 5:17:7) contiene diferentes diálogos entre individuos y grupos, y prepara el escenario para el gran despliegue de la gloria de Dios, como se observa a continuación:

  1. Moisés y Aarón hablan con el faraón (Éxodo 5:1-5).
  2. El faraón habla con los amos de los esclavos y los supervisores israelitas (Éxodo 5:6-9).
  3. Los amos de los esclavos y los supervisores israelitas hablan con el pueblo (Éxodo 5:10-14).
  4. Los supervisores israelitas hablan con el faraón (Éxodo 5:15-18).
  5. Los supervisores israelitas hablan con Moisés y Aarón (Éxodo 5:19-21).
  6. Moisés habla con el Señor (Éxodo 5:22-6:8).
  7. Moisés habla con el pueblo (Éxodo 6:9).
  8. El Señor habla con Moisés (Éxodo 6:10-12).

Estos diálogos van seguidos de declaraciones según las cuales el Señor habló con Moisés y Aarón (Éxodo 6:13, 26, 27). Entre estas declaraciones se intercala la lista de familiares de Moisés y Aarón (Éxodo 6:14-25). Luego, se registra nuevamente el diálogo entre Moisés y el Señor como preludio de las diez plagas (Éxodo 6:28-7:5). En la parte final de esta sección, se destaca positivamente la obediencia de Moisés y de Aarón, quienes hicieron exactamente lo que el Señor les había ordenado (Éxodo 7:6). Junto con la aprobación divina se mencionan las edades de ambos líderes: Moisés tenía 80 años; y Aarón, 83 (Éxodo 7:7).

Podemos concluir, pues, que no existe la jubilación en el servicio a Dios, quien necesita que todos colaboren estrechamente con él para el avance de su causa: jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, niños y adultos, libres y esclavos, ricos y pobres, educados e incultos, personas con posiciones influyentes en altos cargos y trabajadores en general. Cada uno puede hacer su parte, y juntos podemos cumplir la misión que Dios tiene para nosotros.

Temática de la lección

A pesar de que el faraón respondió con un rotundo "no" a la exigencia de Dios de dejar ir a su pueblo, el Señor preparó una salida para ellos, quienes habían perdido la fe. Incluso Moisés discutió con Dios y le preguntó por qué la situación había empeorado:

"¿Por qué afliges a este pueblo? ¿Para qué me enviaste?" (Éxodo 5:22). La razón de este severo reclamo radicaba en el hecho de que, tras el primer encuentro directo con el faraón, las circunstancias se complicaron y la vida de los israelitas empeoró. Ni ellos ni Moisés esperaban semejante dilema, sino una rápida liberación de la esclavitud, ya que su Dios era el poderoso Creador capaz de lo que nadie más podía hacer. ¡Qué desilusión tan devastadora! Sin embargo, Dios preparó el escenario para la liberación, y a Moisés y a Aarón para una nueva confrontación con el faraón.

COMENTARIO

El versículo para memorizar prepara el escenario para el drama que estaba a punto de desarrollarse.

Tras cuarenta años de ausencia de Egipto, Moisés entró de nuevo en el palacio (en el año 1450 a. C.), donde visitó, junto con Aarón, al faraón Tutmosis III y lo confrontaron con el mandato de Dios: "Deja ir a mi pueblo para que me adore" (Éxodo 7:16). El faraón se negó a reconocer la autoridad del Señor e incluso su existencia. Se consideraba a sí mismo un dios, adoraba a una plétora de dioses de fabricación humana y no quiso aceptar la petición del Dios vivo de los hebreos. Su arrogante respuesta definía a Egipto como una cultura pagana y materialista que adoraba a sus propios dioses en forma de ídolos.

El faraón se negó a reconocer la soberanía de Dios y desafió incluso su existencia: ¿Quién es el Señor para que yo obedezca su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco al Señor, ni tampoco dejaré ir a Israel"; “¿por qué hacen cesar [hebreo: shabat ] al pueblo de su trabajo?" (Éxodo 5:2,4, 5). La palabra hebrea usada para designar a Egipto es mitsrayim, que significa "[tierra de] doble dominio", en referencia a la severa esclavitud y al uso de la autoridad para mandar, gobernar y decir a otros qué debían hacer.

En su respuesta a la petición del Señor, el faraón dijo que Moisés y Aarón pretendían detener el trabajo de los israelitas y hacerlos cesar de su labor. Según algunos comentaristas judíos y cristianos, la palabra hebrea shabat se refiere al descanso del sábado. La frase "cesar o descansar [del trabajo]" solo se encuentra aquí y en Génesis 2:2 y 3 (repetida dos veces). Curiosamente, el faraón también rechazó la petición de Moisés y Aarón de dejar marchar (de para': "dejar marchar", o "liberar") al pueblo. El verbo hebreo para' tiene las mismas consonantes que la palabra "faraón", por lo que la respuesta del rey puede ser un juego de palabras: "¿Por qué actúas como si fueras el faraón liberando al pueblo de su trabajo?"

Tutmosis III tenía dos años cuando fue puesto en el trono egipcio por un sacerdote tras la muerte de su padre, Tutmosis II, en el año 1504 a. C. Lo más probable es que aquel fuera investido para impedir que Moisés llegara a ser faraón. En aquel momento, Moisés, hijo adoptivo de Hatshepsut, tenía 26 años. Tutmosis III fue corregente con su madrastra Hatshepsut hasta 1482 a. C., cuando ella murió. En ese momento, Moisés estaba en Madián. Tutmosis III tenía 24 años cuando comenzó su reinado, ya no como corregente. Destruyó casi todos los monumentos y estatuas que llevaban el nombre o la imagen de Hatshepsut y también es conocido por sus exitosas campañas militares. Se lo considera el mayor líder militar del antiguo Egipto. También fue un destacado constructor. Tenía 56 años en la época del éxodo (1450 a. C.).

El pacto de Dios

Antes de sacar a los israelitas de Egipto, Dios les aseguró que cumpliría el pacto que hizo con Abraham, Isaac y Jacob. Prometió a sus antepasados "darles la tierra de Canaán" (Éxodo 6:4), como se menciona en Génesis 12:7 y Génesis 17:8. Dios rememoró esa promesa y, puesto que el momento apropiado había llegado, les aseguró que cumpliría el pacto que hizo con Abraham, Isaac y Jacob, y que ahora él intervendría en favor de su pueblo. El Señor animó a Moisés a declarar firmemente a Israel que la promesa divina ciertamente se cumpliría. Tal solemne declaración de certidumbre acerca de la fidelidad de Dios en el cumplimiento de lo que prometió aparece en el pasaje crucial de Éxodo 6:6 al 8.

Dios comienza su solemne declaración identificándose: "Yo soy el Señor". Mediante esta fórmula, que se repite quince veces en Éxodo, especialmente en la sección que se refiere a las plagas (Éxodo 6:2, 6, 7, 8, 29; Éxodo 7:5,17; Éxodo 10:2; Éxodo 12:12; Éxodo 14:4,18; Éxodo 15:26; Éxodo 16:12; Éxodo 29:46; Éxodo 31:13), el Señor proclama su íntima cercanía y su amoroso cuidado hacia su pueblo. Tales cercanía y cuidado serán reconocidos tanto por los israelitas como por los egipcios. Como lo prometió, él liberaría a su pueblo de la esclavitud en Egipto.

El Señor subraya cuatro acciones redentoras diferentes en favor de su pueblo y promete formalmente lo siguiente:

  1. "Los sacaré [la forma hifil del verbo yatsa' significa "hacer salir"] de debajo de las pesadas cargas de Egipto".
  2. "Los libraré [la forma hifil del verbo natsal significa "rescatar", "arrancar", "liberar", "salvar"] de su servidumbre".
  3. "Los redimiré [ ga'al ] con brazo extendido y con grandes juicios".
  4. "Los haré [ laqaj: literalmente "tomar como"] mi pueblo y seré [ hayah ] su Dios".

Estas promesas culminan con la fórmula del pacto, que subraya la relación íntima y la unidad amorosa existente entre el Señor y su pueblo. Esta relación es el cumplimiento de la promesa hecha por Dios a Abraham (Gén. 17:7, 8). (En la liturgia judía actual de la Pascua, este pasaje bíblico desempeña un papel fundamental y es representado por cuatro copas que beben quienes celebran este acto de redención de la esclavitud en Egipto).

A continuación, por primera vez en el libro de Éxodo, el Señor proclama que "ustedes", los israelitas, "sabrán que yo soy el Señor su Dios" (Éxodo 6:7). Antes, era el Señor quien conocía la opresión, el sufrimiento y la aflicción de su pueblo, pero ahora su pueblo conocerá a su Dios.

El Señor añade dos promesas: (1) "Los llevaré a la tierra que juré dar a Abraham, a Isaac y a jacob" (Éxodo 6:8); y (2) "se la daré por heredad" (Éxodo 6:8). La repetición del pronombre "yo" como identificación de Dios es la clara garantía de que su palabra se cumplirá. La fórmula "yo soy el Señor" aparece cuatro veces en Éxodo 6:2 al 8. Esta frase aparece al principio y al final de Éxodo 6:2 y 8, y dos veces en Éxodo 6:6 y 7.

Según el versículo 9, la reacción de los israelitas fue de profunda tristeza. Moisés les habló, pero estaban tan desanimados que no escuchaban las palabras tranquilizadoras provenientes del Señor. Sin embargo, las acciones redentoras de Dios estaban a punto de manifestarse como una gloriosa realidad.

APLICACIÓN A LA VIDA

  1. ¿Qué lecciones puedes extraer del diálogo tan abierto, casi conflictivo, entre Moisés y el Señor? ¿Cómo afecta esto tu experiencia personal con el Señor? ¿Cómo podemos comunicarle nuestros pensamientos, sentimientos y deseos de manera sincera? ¿Cómo podemos hablar con él de nuestras emociones negativas, como la decepción, la amargura, la frustración, el odio, la envidia y la ira?
  2. No creemos en el destino, en el determinismo, en el azar o en la suerte. Sí creemos en la conducción confiable de Dios cuando se la pedimos sincera y honestamente. ¿Cómo podemos aprender a confiar más en Dios y a depender plenamente de su conducción?
  3. Dios no nos llama a tener éxito, sino a ser fieles. Necesitamos aceptar su llamado a hacer lo que sea necesario a fin de ser fieles testigos de él en cualquier etapa de nuestro desarrollo espiritual. Nuestro éxito y prosperidad dependen de él. ¿Cómo puedes, sin ser conflictivo, ayudar y conducir a otros a percibir las intervenciones de Dios en su vida?
  4. Egipto desempeña un papel crucial en las profecías bíblicas. ¿A qué realidades de nuestra época apunta el sím bolo de Egipto?
  5. ¿Por qué no suelen cumplirse nuestras expectativas acerca de las intervenciones y acciones de Dios? ¿Por qué actúa él tan a menudo solamente cuando todas las esperanzas se hacen añicos? 🔚

02 EL SÁBADO ENSEÑARÉ… La zarza ardiente

RESEÑA

Texto clave: Éxodo 3:7,8.
Enfoque del estudio: Éxodo 3:1-4:31.

Introducción

Dios se reveló a Moisés y lo llamó a ser su siervo para liberar a su pueblo de Egipto y conducirlo a la Tierra Prometida. Moisés se sintió abrumado por ese desafío y pidió a Dios que eligiera a otra persona.

Temática de la lección

En nuestro estudio de Éxodo 3 y 4 subrayaremos un hecho crucial: Cuando Dios llama a su pueblo a realizar una tarea específica, también lo equipa y capacita para llevarla a cabo. El llamado y la capacitación van de la mano. El Señor otorga los dones y las habilidades espirituales necesarios. No debemos preocuparnos, aunque la tarea sea enorme y supere con creces nuestras capacidades. Dios está al mando. Debemos permitir que él sea Dios en nuestra vida y confiar plenamente en sus promesas. Podemos confiar en él. Nuestra responsabilidad es seguirlo y serle obedientes.

La estructura de estos dos capítulos, que se refieren a la intervención de Dios en favor de su pueblo, puede dividirse en cuatro partes principales:

  1. El encuentro de Dios con Moisés (Éxodo 3:1-4:17), que incluye una introducción, un llamado a cumplir una misión (Éxodo 3:1-10) y cuatro secciones que tratan acerca del diálogo entre el Señor y Moisés: (1) Éxodo 3:11, 12; (2) Éxodo 3:13-22; (3) Éxodo 4:1-9; y (4) Éxodo 4:10-12, además de un epílogo consistente en: la última súplica de Moisés, la ira de Dios y el envío de Aarón en apoyo de Moisés (Éxodo 4:13-17).
  2. El regreso de Moisés a Egipto con su esposa y sus dos hijos, y la garantía de la ayuda de Dios a Moisés (Éxodo 4:18-23).
  3. El problema de la circuncisión (Éxodo 4:24-26).
  4. Los encuentros de Moisés con Aarón, los ancianos y los israelitas (Éxodo 4:27-31).
  5. Se anticipan grandes y poderosos actos de Dios. El pueblo cree y adora al Dios viviente que obrará para su redención.

COMENTARIO

El acontecimiento más transformador en la vida de Moisés fue su encuentro personal con el Señor durante la experiencia de la zarza ardiente. Este incidente alteró radicalmente su vida. Tenía ochenta años en el momento del suceso, y vivía una vida plena, estable y bien adaptada. Estaba casado, tenía dos hijos, vivía en Madián y era útil al Señor. En sus momentos de tranquilidad, mientras cuidaba ovejas, Dios lo inspiró para que pusiera por escrito dos libros bíblicos: Job y Génesis. Evidentemente, Moisés estaba satisfecho con su vida familiar y su experiencia con el Señor. Entonces ocurrió una perturbación en su apacible rutina cotidiana: Moisés vio una zarza ardiente que no era consumida por las llamas que la envolvían.

Cuando el Señor llamó la atención de Moisés, le dijo cuán preocupado estaba por la situación de los israelitas en Egipto, por su miseria, opresión, esclavitud, sufrimiento y pedidos de auxilio. El Señor declaró: "He descendido a librarlos" (Éxodo 3:8). Llamó a los israelitas "mi pueblo" (Éxodo 3:10) y quiso conducirlos a una nueva tierra. La llamamos la Tierra Prometida porque Dios dio su palabra a Abraham, Isaac y Jacob de que sus descendientes heredarían Canaán. Había llegado el momento de que Dios actuara, y Moisés sería el instrumento por medio del cual cumpliría su promesa.

Moisés fue llamado por Dios mismo para volver a Egipto, de donde había huido cuarenta años antes (1490 a. C.) para salvar su propia vida. Moisés debía reunirse ahora con el faraón Tutmosis III (1504-1450 a. C.), a quien conocía personalmente desde la época en que vivía en el palacio. Hatshepsut, la madre adoptiva de Moisés, había muerto en el año 1482 a. C. Cuando Dios pidió a Moisés que regresara y cooperara con él para liberar a los israelitas, le dio dos órdenes: "Por tanto ve, yo te envío a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, a los israelitas" (Éxodo 3:10). En este versículo, Dios utilizó dos imperativos que no resultan tan evidentes en nuestras traducciones bíblicas modernas. Dios dijo enfáticamente a Moisés: (1) "Ve" y (2) "saca de Egipto a mi pueblo". He allí el llamado de Dios a Moisés.

LAS CUATRO EXCUSAS DE MOISÉS Y LAS CUATRO PROMESAS DE DIOS

"¿Quién soy yo?" frente a "Yo estaré contigo" (Éxodo 3:11,12)

Cuando escuchó las órdenes "ve" y "saca a mi pueblo de Egipto", Moisés no estuvo dispuesto a acatarlas y em pleó cuatro estrategias para rehuir la misión que se le encomendaba. En primer lugar, se escudó en su humildad y formuló una excelente pregunta: "¿Quién soy yo?" Es importante reconocer nuestra insuficiencia e incapacidad para hacer lo que Dios nos pide.

El poder para avanzar en pos de la conducción divina no reside en nosotros, sino en el hecho de que Dios nos capacita cuando lo seguimos humildemente. Sin embargo, Moisés fue más allá de este reconocimiento para eludir la comisión divina.

En respuesta, Dios aseguró a Moisés que estaría con él (la misma expresión "estaré" se utiliza en los vers. 12 y 14) y que tanto él como los israelitas adorarían a Dios en ese mismo monte, el Sinaí, donde ahora estaban. Esta promesa lo incluía todo, pues la presencia de Dios junto a su pueblo incluye todo lo necesario. En tal sentido, el mensaje implícito en el nombre "Emmanuel" ("Dios con nosotros") es la promesa más importante.

"¿Cuál es tu nombre?" frente a "Yo soy el que soy" (Éxodo 3:13-22)

La segunda excusa de Moisés consistió en interrogar a Dios acerca de su nombre. Esta vez se escudó en la ignorancia del pueblo, alegando con razón que no conocían a Dios personalmente; por lo tanto, ¿cómo sabrían que Moisés era el líder designado por Dios? El Señor le explicó pacientemente que era el Dios verdadero, eterno y personal; el Dios de la historia, que dirigió a Abraham, Isaac y Jacob, los antepasados de Israel. El Dios que se comunicó con ellos y los cuidó de manera amorosa y misericordiosa. El que les prometió llevarlos a "una tierra que mana leche y miel" (Éxodo 3:17) y bendecirlos abundantemente. El Señor se identificó como el Dios de los hebreos, quien les prometió que cuando salieran de Egipto no lo harían con las manos vacías, sino con muchos dones preciosos que les habían sido retenidos durante el tiem po en que estuvieron esclavizados.

"Ellos no me creerán, ni oirán mi voz" frente a las poderosas señales de Dios (Éxodo 4:1-9)

La tercera objeción de Moisés fue la incredulidad de los israelitas: "Ellos no me creerán, ni oirán mi voz". En respuesta, Dios le dijo que le permitiría realizar dos milagros como demostraciones irrefutables de que lo había elegido como su instrumento para liberar a su pueblo de Egipto: (1) El cayado de Moisés se transformaría en serpiente y viceversa; y (2) la mano de Moisés quedaría leprosa y sería luego sanada.

"Nunca he sido hombre de fácil palabra" (Éxodo 4:10) frente a "te enseñaré lo que hayas de hablar" (Éxodo 4:12)

El cuarto pretexto de Moisés para no ir a Egipto fue simple: "No soy buen orador. Nunca he sido elocuente". Moisés estaba diciendo que no le resultaba fácil formular argumentos y que no dominaba las lenguas egipcia y hebrea. Aquello era comprensible tras cuatro décadas sin usar la lengua egipcia. En respuesta, Dios aseguró a Moisés que le daría la capacidad de expresarse persuasiva y articuladamente pues es el Creador: "Yo estaré en tu boca [es decir, te ayudaré a expresarte], y te enseñaré lo que hayas de hablar" (Éxodo 4:12). Esta promesa nos recuerda un relato similar que aparece en Jeremías 1:5 al 8.

Éxodo 4:13 al 17 describe la excusa final de Moisés y la reacción de Dios ante ella. Moisés estaba acorralado. Todas sus excusas fueron poderosamente refutadas por Dios mismo. ¿Qué haría? Debía definir claramente su posición aceptando o rechazando el llamado de Dios. Sorprendentemente, Moisés se negó a aceptarlo incluso después de que Dios le hizo promesas excepcionales: "Por favor, envía a otro" (Éxodo 4:13).

Ahora se invierten los papeles, ya que Moisés no solo rechaza los imperativos de Dios ("ve" y "saca de Egipto a mi pueblo"), sino también se atreve a decir al Señor lo que este debería hacer, aunque introduce su respuesta con una expresión de respeto: "Por favor, Señor, envía a otro". El que debía obedecer da, en cambio, indicaciones a Dios. ¡Qué contradicción!

En ese momento, el texto bíblico afirma que "el Señor se enojó con Moisés" (Éxodo 4:14). No obstante, Dios presenta una solución, la persona de Aarón, el hermano de Moisés, quien "ahora […] sale a recibirte" (Éxodo 4:14). Dios conocía de antemano la respuesta negativa de Moisés y ya había enviado a Aarón para animar a ambos a trabajar juntos para cumplir la misión encomendada. Aarón sería la "boca” de Moisés; es decir, el portavoz que comunicaría la palabra del Señor al faraón y al pueblo. ¡Cuán amoroso y bondadoso es Dios! Él ofrece una solución donde nosotros solo vemos oscuridad.

Moisés siguió las instrucciones de Dios con gran vacilación. La Biblia no consigna la respuesta de Moisés a la solución divina, pero los versículos siguientes muestran que fue a Egipto. Como buen hombre de familia, primero habló con Jetro acerca de su designación divina, y su suegro lo envió a Egipto con su bendición. Así, Moisés siguió adelante. De allí en más, todo fluiría de maneras inesperadas.

APLICACIÓN A LA VIDA

  1. Todo en nuestra vida depende del concepto que tenemos de Dios. ¿Quién es Dios para ti? ¿Cómo ves y entiendes la presencia de Dios en tu vida? ¿Qué imagen de Dios cultivas?
  2. Las relaciones son lo más importante para el Señor, no un objeto, una posesión, un logro, una agenda o una actuación. Él es el Dios de las relaciones. Las relaciones humanas comienzan con una relación vertical con él y se traducen en relaciones horizontales con los demás. ¿De qué manera el encuentro de Moisés con Dios lo convirtió en una nueva persona y en un gran líder?
  3. El llamado que Dios nos hace es como una amplia autopista con diferentes sendas o carriles. Normalmente, la tarea o vocación más exigente puede ayudarnos a descubrir que eso es lo que Dios quiere que hagamos. El Señor nunca nos lleva por un camino fácil o egocéntrico. Él quiere nuestro crecimiento y lo mejor para nosotros. Su Palabra nos ordena seguir adelante, aunque la tarea parezca abrumadora o exceda nuestras capacidades. ¿Cómo puedes reconocer el llamado y la vocación que Dios tiene para ti en la vida y estar seguro de ir en pos de ello?
  4. Deseamos hacer la voluntad de Dios en armonía con el plan que tiene para nosotros. ¿Qué excusas das a Dios que te impiden aceptar su plan para tu vida? ¿Qué promesas bíblicas necesitas reclamar para llenarte de esperanza y valor mientras recorres tu senda con Dios? ¿Cómo te animan esas promesas en tu servicio a los demás? 🔚

01 EL SÁBADO ENSEÑARÉ… Opresión: El trasfondo y el nacimiento de Moisés

RESEÑA

Texto clave: Éxodo 2:23-25.
Enfoque del estudio: Éxodo 1:1-2:25.

Introducción

Esta primera lección resume la larga historia del pueblo de Dios en Egipto, desde la época de José, cuando Israel prosperó enormemente, hasta su esclavitud bajo el cruel faraón que ordenó la ejecución de todos los varones hebreos recién nacidos. Sin embargo, Dios siempre interviene cuando las fuerzas del mal intentan destruir a su pueblo, pues es su Salvador. En aquella ocasión, el Señor envió a un libertador: su siervo Moisés, cuya milagrosa protección al nacer condujo a su extraordinaria inclusión en la familia del fa raón como hijo adoptivo. Durante los primeros cuarenta años de su vida, Moisés recibió la mejor educación, primero de su madre y luego en las escuelas egipcias. Aunque fue entrenado para ocupar el trono de Egipto y convertirse en un gran líder, Moisés terminó en la casa de Jetro a causa de sus errores y por la providencia de Dios. Allí se casó y se convirtió en pastor de ovejas.

Temática de la lección

Es necesario celebrar el cumplimiento de las promesas de Dios y las bendiciones de la prosperidad. Los corazones agradecidos reconocen el amor y el cuidado de Dios, y que él es quien bendice y concede prosperidad y éxito. Sin embargo, no debemos perder de vista el hecho de que Dios, no nuestros logros, es el responsable de nuestra prosperidad. Olvidar que todo lo que tenemos pertenece en última instancia a Dios puede hacernos caer en la envidia y en el intento de controlar y destruir la buena obra que Dios trata de hacer por nuestro intermedio para salvar a los demás.

Las oraciones tienen diversas funciones. No solo sirven para alabar al Señor por su bondad hacia nosotros, sino también expresan peticiones y clamores de personas heridas, oprimidas, desesperadas y maltratadas que necesitan ayuda. Las personas malvadas pueden atentar contra los derechos de los demás, pero Dios promete ayudar a quienes resultan así perjudicados.

La buena noticia es que Dios escucha nuestro clamor desesperado en procura de per dón, de su presencia y de su intervención. Él ve nuestras luchas, nota nuestras lágrimas, comprende nuestra agonía y responde a nuestros gemidos.

Los oprimidos, perseguidos, explotados y marginados pueden identificarse con los relatos históricos del libro de Éxodo y aprender en virtud ellos que no están solos. Dios está con ellos a pesar del aparente silencio divino. La presencia invisible del Señor y las promesas bíblicas tienen el propósito de brindarles consuelo y la seguridad de la sal vación. Dios recuerda su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Dios es fiel, cumple lo que promete e interviene a su debido tiempo, aunque el tiempo divino es a menudo diferente de nuestros finitos deseos y expectativas.

COMENTARIO

El gran personaje del libro de Éxodo no es Moisés, sino Dios y su liderazgo en la vida de aquel y de Israel. Éxodo comienza con la imagen de las bendiciones de las que Dios hizo objeto a la familia de Jacob: solo eran setenta individuos cuando siguieron a José a Egipto, pero llegaron a ser muy numerosos (Éxodo 1:7), de acuerdo con la promesa hecha por Dios a Abram (Génesis 15:5).

Sin embargo, la prosperidad de Israel se convirtió en un problema. El nuevo faraón egipcio sintió celos y temor de Israel, por lo que los esclavizó mediante el trabajo duro y la opresión. El escenario histórico más probable de estos dramáticos acontecimientos se ubica durante la época en la que gobernaba la XVIII dinastía egipcia. Amosis (1570-1546 a. C.), el primer faraón de esta dinastía, pudo ser quien no reconoció los logros de José (Éxodo 1:8) y esclavizó a los israelitas. La situación del pueblo de Dios decayó rápidamente, ya que pasó de la prosperidad y la libertad a una abyecta esclavitud a las órdenes de duros amos (Éxodo 1:11,13,14). El responsable de este drástico cambio fue Amenhotep I (1546-1526 a. C.). Sin embargo, cuanto más se oprimía a los israelitas, más aumentaba su número (Éxodo 1:12), por lo que creció la presión sobre el faraón para que sometiera al pueblo de Dios mediante trabajos forzados.

Esta cadena de crueldad y opresión faraónicas culminó durante el cruel reinado de Tutmosis I (1525-1512 a. C.), quien promulgó el despiadado decreto para se diera muerte a todos los varones hebreos recién nacidos (Éxodo 1:22). Si el éxodo ocurrió en marzo de 1450 a. C., Moisés debió nacer ochenta años antes, en el año 1530 a. C., durante el gobierno de Tutmosis I. Este faraón tuvo una hija que se convirtió en la reina Hatshepsut (1503-1482 a. C.). Ella fue quien adoptó a Moisés y le dio ese nombre. Hatshepsut murió mientras Moisés estaba en Madián. El marido de Hatshepsut, Tutmosis II (1512-1504 a. C.), tuvo un hijo de una concubina, Tutmosis III (1504-1450 a. C.), que fue el faraón del éxodo. El faraón Amenhotep II (1450-1425 a. C.), quien no era el primogénito de Tutmosis III, fue corregente con su padre durante más de dos años y tuvo un hijo, su primogénito, que murió en ocasión de la décima plaga. El faraón Tutmosis IV (1425-1417 a. C.), quien sucedió a Amenhotep II en el trono, no era su hijo mayor, como indica la inscripción de la Estela de la Esfinge. De esta manera, los datos bíblicos pueden armonizarse con la evidencia extrabíblica.

El nombre egipcio de Moisés está en armonía con este período histórico, ya que es similar al nombre de Tutmosis y significa "nacido de” o "sacado de”. Su nombre completo probablemente era Hapi-mosis (Hapi era el dios del río Nilo), pero al referirse a sí mismo y escribir bajo la inspiración de Dios, Moisés eliminó la primera parte de su nombre, señal de su negativa a ser asociado con el dios del Nilo.

El nacimiento de Moisés (Éxodo 2:1-10) es un punto de inflexión en el flujo de la historia de Israel. El pueblo de Dios oraba en su desesperada situación pidiéndole ser liberado de la esclavitud. El Señor respondió a sus súplicas con el nacimiento de Moisés. La intervención milagrosa de Dios para proteger la vida de Moisés en esta circunstancia particular solo fue posible en colaboración con sus padres y María, su hermana. Esto muestra que Dios utiliza instrumentos humanos para hacer avanzar su causa y cumplir sus propósitos.

En medio de las dificultades y del sufrimiento, debemos fijar nuestros ojos en Dios y confiar en él, en su liderazgo y en su sabiduría, pues él nunca abandonará a sus hijos. Él está con ellos en medio de la opresión y la persecución. Conoce las lágrimas de los maltratados y heridos, y sufre con ellos. El profeta Isaías declara con acierto que Dios se conduele de todas nuestras aflicciones (Isaías 63:9). Su solidaridad con nosotros es firme e irrevocable. Sufre cuando sufrimos, y participa de nuestra angustia y dolor. Él está de parte de quienes son injustamente perseguidos (Mateo 5:10). Es un Señor misericordioso y clemente. Es paciente con nosotros y sufrió en la cruz para asegurar nuestra salvación. Por el contrario, los opresores, maltratadores y transgresores experimentarán el juicio divino de condenación y destrucción final. En este contexto, recordemos la perspicaz declaración de Elena de White: "En la vida futura se aclararán los misterios que aquí nos han preocupado y desilusionado. Veremos que las oraciones que nos parecían desatendidas y las esperanzas defraudadas figuraron entre nuestras mayores bendiciones" (El ministerio de curación, p. 376).

Las parteras Sifra y Fúa fueron modelos de fidelidad. Puesto que reverenciaban a Dios, no temían la ira del faraón. Su respeto por el Dios de la vida hizo que respetaran la vida humana. Se negaron a matar a los varones hebreos recién nacidos. Sabían que la vida es un don de Dios, así que rechazaron las órdenes del faraón.

La Biblia no dice mucho acerca de los primeros cuarenta años de la vida de Moisés (Hechos 7:23), salvo estos detalles destacados: (a) Moisés se convirtió en el hijo de la hija del faraón; (b) cuando creció, mató a un egipcio que estaba golpeando a un hebreo; (c) disputó con un hebreo que golpeaba a otro hebreo; (d) fue posteriormente a Madián, donde se quedó con el sacerdote Jetro y se casó con Sófora, la hija de este; y (e) engendró a Gersón.

El punto principal de la lección de esta semana es la frase "y se acordó [Dios] de su pacto", parte de nuestro texto clave: "Dios oyó su gemido, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob" (Éxodo 2:24). La fidelidad de Dios a las promesas de su pacto confiere estabilidad a las relaciones entre él y su pueblo. Él cumple su parte a pesar de nuestra infidelidad. El pacto de Dios constituye el establecimiento legal de una relación entre Dios y sus seguidores.

Sin embargo, su promesa de prosperidad pactual parecía no cumplirse, ya que su pueblo no prosperaba, sino que sufría. La afirmación de que Dios "se acordó de su pacto" no significa que hubo un lapsus en la memoria de Dios o que se olvidó de su pueblo, ya que intervino en favor de ellos en el momento indicado. Dios se comprometió a hacer de Abraham una gran nación. Por lo tanto, y en cumplimiento de esa promesa, libertó a los oprimidos israelitas pues había prometido bendecir a la posteridad de Abraham.

En estos dos versículos finales (2:24, 25), el término Elohim designa cuatro veces al Dios poderoso que realiza cuatro acciones: "oyó", "se acordó", "miró" y "reconoció". Estos versículos subrayan el conocimiento que Dios tiene de la situación, su cuidado y su disposición a actuar en favor de su pueblo. Ya no demorará su ayuda. Cambiará el curso de la historia porque ha llegado el momento de su intervención. En su misericordia, Dios dirá "no" a la opresión sufrida por sus seguidores para que puedan servirlo y manifestar su gratitud por el don de la libertad. Por lo tanto, la gracia de Dios triunfa sobre la violencia, la opresión y la esclavitud.

APLICACIÓN A LA VIDA

  1. ¿Cómo te sientes cuando alguien te pasa por alto, te hiere, te explota o abusa de ti? Estas profundas decepciones y aflicciones pueden ayudarte a simpatizar con quienes atraviesan experiencias similares en la vida. ¿Cómo puedes animar eficazmente a esas personas que sufren? ¿Cuál es el mejor remedio para las decepciones de la vida?
  2. ¿Cómo puedes responder eficazmente al abuso de poder en tu lugar de trabajo o en la iglesia?
  3. Imagina qué habría ocurrido si los padres de Moisés y María no hubieran confiado en Dios y no hubiesen tenido el valor de esconder a su bebé. ¿Qué habría ocurrido con el plan de Dios? ¿Cómo habría reaccionado Dios en esa hipotética situación? ¿Habría surgido otro Moisés?
  4. ¿Cómo fue posible que Moisés, después de tantos años de vivir en el lujo y en un hogar pagano, decidiera sufrir junto al pueblo de Dios?
  5. Quienes se inclinan ante Dios no tienen por qué temer presentarse ante los reyes. Han puesto la voluntad de Dios en primer lugar en su vida; por lo tanto, siguen adelante con valentía y arrojo para obedecer los mandamientos de Dios. ¿Qué significa que Moisés no temía al faraón pero reverenciaba a Dios? ¿Cómo entiendes la paradójica afirmación de que Moisés fue fiel a Dios porque vio "al invisible'’ (Hebreos 11:27)? ¿Cómo puedes ver a Dios con los ojos de la fe?. 🔚

El Éxodo: viaje a la Tierra Prometida

El libro de Éxodo revela al Señor como el Dios de amor que trajo la salvación y la liberación a su pueblo en el momento señalado y con sus poderosas acciones (Génesis 15:12-16). El Éxodo de Egipto y el cruce del Mar Rojo fueron acontecimientos cruciales y únicos, actos espectaculares y maravillosos realizados por Dios. Ningún evento mayor o más glorioso que esos ocurrió en la historia del antiguo Israel antes de la cruz. Por lo tanto, la historia de la liberación del pueblo de Dios de la esclavitud en Egipto es, por así decirlo, el Evangelio según Moisés.

Dios actuó repetidamente de manera milagrosa para demostrar su cuidado y su protección en favor de los hebreos a pesar sus constantes recaídas. La misericordia divina superó con creces la capacidad de ellos para entenderla y procesarla emocionalmente. Con su brazo extendido, el Señor condujo a su pueblo a la libertad. Fue un acto sin precedentes. Esta inesperada serie de intervenciones divinas fue el comienzo de una renovada experiencia de ellos con Dios, un viaje desde Egipto hasta Canaán.

Aunque desempeña un papel importante en el libro de Éxodo, Moisés no es su personaje central, sino el Dios del amor, la verdad, la justicia, la libertad y el perdón, el Dios que finalmente fue a la cruz por nosotros. Al estudiar el libro de Éxodo, obtenemos una visión única de cómo es realmente nuestro Dios.

¿Cómo es él en realidad? Es un Dios que fue fiel a su pueblo a pesar de la infidelidad de este. Un Dios que siempre estuvo a su lado, incluso cuando estaban en su contra. Una y otra vez les mostró su misericordia, proveyéndoles ánimo, corrección e instrucción. Al guiarlos de la mejor manera posible, quiso que lo adoraran y obedecieran voluntariamente, por amor a él y a su carácter, y por su propio bien.

El Dios de Moisés es el de las relaciones. Su objetivo primordial no era lograr algo o cumplir una agenda, sino entablar una relación significativa, una comunión profunda con Israel, su pueblo elegido, para lo cual lo condujo al Sinaí.

El apóstol Pablo enseña que lo sucedido al pueblo de Dios en el pasado es una lección objetiva para nosotros, a fin de que podamos aprender de sus errores y seguir fielmente al Señor hoy: «Estas cosas les sucedieron por ejemplo, y fueron escritas para advertirnos a nosotros, a los que han llegado al fin del tiempo» (1 Corintios 10:11). Estos acontecimientos pasados deberían ser una advertencia y una fuente de instrucción inolvidable para nosotros. Deberíamos leerlos, estudiarlos y aprender de ellos, porque, por diferentes que sean las circunstancias, los principios espirituales que los sustentan siguen siendo los mismos.

Nuestro plan para el estudio del libro de Éxodo durante estas trece semanas es sencillo. El libro se ha dividido en lecturas semanales de capítulos de diversa extensión y organizados temáticamente para un mayor aprovechamiento: (1) La esclavitud en Egipto, el nacimiento de Moisés y sus primeros cuarenta años (Éxodo 1-2); (2) el llamado de Dios a Moisés (Éxodo 3-4); (3) las complicaciones que aparecen cuando la vida empeora (Éxodo 5-6); (4) las nueve primeras plagas (Éxodo 7-10); (5) la décima plaga y la celebración de la Pascua (Éxodo 11-12); (6) la liberación de Egipto y la experiencia del Mar Rojo (Éxodo 13-15); (7) el viaje al monte Sinaí (Éxodo 16-18); (8) el don del pacto de Dios y el Decálogo (Éxodo 19-20); (9) la aplicación de la Ley de Dios (Éxodo 21-23); (10) el pacto confirmado y el plano del Tabernáculo (Éxodo 24-31); (11) la apostasía del becerro de oro y la intercesión de Moisés (Éxodo 32); (12) la autorevelación de Dios y el resplandor en el rostro de Moisés (Éxodo 33-34); (13) la construcción y la dedicación del Tabernáculo (Éxodo 35-40). Cada semana nos centraremos en pasajes y acontecimientos clave de los capítulos indicados.

Que nuestro bondadoso Señor nos bendiga al estudiar este libro fundamental que nos recuerda cómo quiere Dios conducir a su pueblo desde la esclavitud hasta la libertad, de la muerte a la vida y del desierto a la Nueva Jerusalén (Hebreos 12:22).

Jiří Moskala es profesor de Exégesis y Teología del Antiguo Testamento y decano del seminario teológico adventista de la Universidad Andrews.

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EL SÁBADO ENSEÑARÉ…
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Created: 2025-08-15 vie 20:01