c 1 Samuel 27:2
Me será mejor.
A pesar de todo lo que había hecho David para sus compatriotas, le manifestaban poca simpatía por haber caído en desgracia con el rey. Los habitantes de Keila lo habrían entregado a Saúl (ver cap. 23:1-13). Los zifeos dos veces informaron a Saúl en cuanto a su escondite (caps. 23: 19; 26: 1), y Nabal resultó ser tan hostil como lo había sido Doeg (cap. 25: 10, 11). Dos veces había demostrado misericordia con el celoso y desequilibrado tirano que a la vista de todos procuraba matarlo (caps. 24: 6-11; 26: 8-12). El mismo pueblo que siempre debería haber sido cortés con él, tan sólo le había pagado con censura e ingratitud, y su vida entre los suyos había sido una continua pesadilla. Pobremente alimentado, morando en cuevas y bosques, en desiertos y en despeñaderos, se lo había tratado como a un proscrito.
No mucho antes de estos incidentes (cap. 22: 5), Dios había indicado a David que volviera de Moab a Judá. Tenía mucho que hacer para sus compatriotas, y David respondió gozosamente. Podría haber supuesto que la invitación para que volviera a Judá provenía de la necesidad de proteger a su pueblo contra las incursiones de los pueblos circundantes.
Pero quizá el propósito de Dios era demostrar ante todo Israel la fortaleza, la humildad y el valor del que había sido elegido como rey: una fe que pacientemente confiaba en que Dios llevaría a cabo su propia voluntad a su debido tiempo.
Vez tras vez el Señor intervino a favor de David, y el común del pueblo debe haber comenzado a pensar que él tenía algún talismán. Pero después de cada liberación maravillosa se presentó otra severa prueba, y finalmente David comenzó a creer que era inútil seguir luchando contra peligros e incertidumbres aparentemente interminables.
Mantener a los centenares de hombres que ahora lo seguían y conservarlos unidos era una tarea capaz de extenuar a los hombres más capaces. Es cierto que Abigail y Jonatán habían reanimado a David, pero la mayoría estaba contra él. Se debilitó su fe.
Descorazonado, finalmente buscó refugio entre los enemigos de Jehová. Pensaba que sólo así hallaría seguridad. En contra de la voluntad de Dios, David comenzó a recorrer una espinosa senda de duplicidad e intrigas. Sacrificando la confianza en Dios en aras de sus propias ideas en cuanto a su seguridad, David empañó la fe que Dios quiere que todos sus siervos manifiesten delante de los hombres y de los ángeles. Cuán diferente podría haber sido la historia de Israel si David, antes de salir de Judá, hubiese buscado y seguido el 581 consejo del Señor tan fervientemente como lo hizo en una oportunidad anterior antes de salir de Moab (ver cap. 22: 5).
2.
Aquis hijo de Maoc.
Es dudosa la etimología del nombre "Aquis". Algunos eruditos piensan que este Aquis es el mismo que se menciona en 1 Rey. 2: 39 como el hijo de Maaca. Pero Maoc es la forma masculina de la palabra, al paso que Maaca es la femenina (ver 1 Rey. 15: 2; 1 Crón. 2: 48; 3: 2; 7: 15; etc.). Si los dos pasajes se refieren a la misma persona, el Aquis de 1 Rey. 2: 39 habría sido muy anciano, pues el incidente que aquí se registra ocurrió cerca de 50 años después de que David huyó por primera vez para refugiarse con Aquis (1 Sam. 21: 10). Pero si Aquis, hijo de Maoc, se casó con una mujer de nombre Maaca, podría haberse aludido al hijo como "hijo de Maaca", y por lo tanto nieto de Maoc. Sin embargo, es probable que el Aquis ante quien David fingió estar loco (1 Sam. 21: 12, 13) es el mismo rey al cual huyó David. A lo sumo, los dos incidentes no estuvieron separados por muchos años. En el primer caso, David estuvo solo; ahora estuvo acompañado por centenares de seguidores con sus familias. A lo menos por un tiempo los refugiados permanecieron en Gat. De acuerdo con