Comentario Bíblico Adventista Tomo 2

Lo que hay de codiciable en Israel.

"Lo mejor de Israel" (BJ). Aunque era profeta y juez, Samuel aceptó la determinación del Señor de acceder al anhelo de los israelitas. No expresó ningún sentimiento de disgusto ni de celos al encontrarse con el joven que debía asumir la responsabilidad de liberar a Israel de los filisteos (vers. 16). Por el contrario, prodigó a Saúl evidencias de honra y respeto (ver vers. 20-24). Aquí Samuel demostró un verdadero espíritu de abnegación. Al igual que Moisés, estaba ansioso de que el Espíritu del Señor descendiera sobre todos los hombres (Núm. 11: 29). Cristo no consideró la igualdad con Dios el Padre como una cosa a la cual aferrarse, sino que manifestó el verdadero principio de desprendimiento, a fin de que los vencedores pudieran sentarse con él en su trono (Apoc. 3: 21). De la misma manera, Samuel no sólo indicó que estaba dispuesto a dar la responsabilidad a Saúl, sino que también haría todo lo que estaba de su parte a fin de preparar al futuro rey para el desempeño de sus deberes.

c 1 Samuel 9:22-25

22.

La sala.

Es decir la habitación que estaba junto al lugar alto donde se comían los 492 alimentos rituales. A Saúl y a su siervo les asignaron los asientos de honor de la habitación, donde se hallaban unos 30 de los ancianos. Saúl había sido constante en la tarea de buscar las asnas de su padre y quizá los ancianos, al contemplarlo y escuchar su relato, creyeron que allí estaba un hombre que en forma igualmente constante podría encontrar una manera de liberarlos de las hostilidades de los filisteos.

24.

Una espaldilla.

La fiesta a la cual se había invitado a Saúl evidentemente era una ofrenda de sacrificio de paz en la cual participaron los ancianos de Ramá (ver t. I, pág. 712 y com. Lev. 3: 1). Los hijos de Israel hicieron sacrificios tales en el Sinaí cuando ratificaron el pacto (Exo. 24: 4-8).

En ese sacrificio, el pecho y la "espaldilla elevada" ("pierna reservada" BJ) pertenecían al sacerdote oficiante (Lev. 7: 33, 34). Se debía comer la carne del sacrificio el día mismo en que se mataba el animal; no podía sobrar nada (Lev. 7: 16). No se menciona si la "espaldilla" presentada a Saúl fue la izquierda -de la cual podían comer los laicos- o la derecha que pertenecía a los sacerdotes (Lev. 7: 32). Pero fue la porción reservada a Saúl como huésped de honor.

Samuel dijo.

Aunque la palabra "Samuel" no está en el hebreo, evidentemente él fue el orador. Fue evidente para Saúl que su venida había sido prevista y que se habían hecho planes minuciosos para ella, y debe haber estado convencido de la invitación de Dios para que asumiera las responsabilidades del gobierno.

25.

Habló con Saúl.

A Saúl no se le habló de su elevada vocación ese día. Evidentemente, Samuel pasó algún tiempo explicando a su huésped los grandes principios del gobierno teocrático que ya había estado en función durante siglos, y lo que significaban los cambios en que insistían los