A sus siervos.
Literalmente "esclavos". La misma palabra se usa al hablar de Egipto como una "casa de servidumbre" (Exo. 13: 3; Deut. 5: 6; etc.). El rey tenía poder de vida y muerte sobre sus súbditos, y en la mayoría de las naciones del Cercano Oriente el pueblo existía principalmente para el beneficio del rey, que podía hacer con él como le placiera. El pueblo no sólo suplía las necesidades de la casa real, sino que le proporcionaba recursos para enriquecer a sus favoritas, ya fueran esposas o concubinas, y también a sus dignatarios civiles y militares.
c 1 Samuel 8:18-20
18.
No os responderá.
Esto está completamente en armonía con el contexto, pues en el cap. 8:7 se afirma que no fue Dios quien hizo planes para efectuar un cambio en el gobierno sino los dirigentes de Israel. Por lo tanto, posteriormente cuando quedaran insatisfechos con su situación, debían recordar que al pedir un rey habían puesto en marcha un nuevo régimen que ciertamente cambiaría materialmente su forma de vivir. La nación sería afectada por nuevas tentaciones, nuevas relaciones, nuevos problemas. Por su propia elección sembraron las semillas de la contumacia, y al hacerlo colocaron al Señor en una situación en la que le era necesario dejar que esa semilla produjera su propia cosecha. No alteraría la ley universal de que toda semilla sembrada produce una cosecha según su especie.
De esa manera, con frecuencia Dios permite que los seres humanos dispongan de lo 488 que él mismo no aprueba. Concede lo que en su misericordia previamente había retenido. Al poner en duda la orden de Dios, Adán provocó la existencia de un nuevo régimen que debía seguir su curso para demostrar plenamente ante hombres y ángeles que ningún otro plan -fuera del que ha sido ordenado por Dios- puede proporcionar vida y felicidad a todos. Los acontecimientos futuros de la historia de Israel muestran que aunque Dios con frecuencia le permitió que recogiera la cosecha de lo que había sembrado, nunca lo abandonó. Siempre estuvo con Israel, listo para ayudarlo. Además, los profetas testifican que en medio de un ambiente tal, cualquier individuo que así lo decida puede apartarse de los senderos de la multitud para ser guiado por el Señor (ver Eze. 18:1-24).
20.
Como todas las naciones.
Durante su permanencia en Palestina, los israelitas habían sido testigos de los esfuerzos concertados de los pueblos del mar y de otras naciones para conquistar todas las tierras del Cercano Oriente, venciendo toda resistencia y esparciendo temor en todo corazón. Pero los israelitas de ahora nada sabían del terror que había helado la sangre de los cananeos cuando Josué dirigió al pueblo de Dios en la conquista de Palestina (ver Jos. 2: 9-11).
Neciamente creían sus ancianos que el tributo impuesto sobre los pueblos conquistados enriquecería a Israel. Se olvidaban de que las verdaderas riquezas provienen de una mejor manera de vivir. Disgustados con la codicia y los latrocinios de dirigentes sacerdotales como los hijos de Elí y de Samuel, pensaron que la solución se hallaba en someterse a la férula de un rey, tal como lo hacían las otras naciones. Se olvidaban de que un rey encontraría aún más oportunidades para demostrar favoritismo y para satisfacer sus deseos egoístas que los sacerdotes disolutos.
Al comienzo de su labor como juez, Samuel había demostrado al pueblo que la verdadera solución de sus dificultades no radicaba en un cambio de administración sino en un cambio