c 1 Samuel 7:10-13
10.
Jehová tronó.
En este caso la respuesta de Dios (ver Sal. 99: 6) vino como en un trueno. Ver com. 1 Sam. 14: 15 donde hay otros ejemplos del uso milagroso que hace Dios de las fuerzas de la naturaleza. Habiendo renunciado a sus ídolos y confesado -con espíritu humilde- su alejamiento del Señor, ahora serían testigos de cuán prontamente Dios estaba dispuesto a tomarlos bajo su protección y demostraría el amor de un Padre celestial por el hijo pródigo que retornaba. Tan pronto como su pueblo cambió de proceder, Dios extendió sobre él su brazo protector. Bien podían los israelitas convertir ese lugar en un recordativo de la eterna piedad de Dios, de su amante cuidado y de su poder para proteger y liberar.
11.
Bet-car.
Aunque es dudosa su ubicación, algunos piensan que es la actual 'Ain Kãrim, a 6,7 km al oeste de Jerusalén. Esta ha sido la opinión general, pero últimamente se ha identificado a Bet-car con Ramath-Rahel, a 4,6 km al sur de Jerusalén. Quizá la tormenta eléctrica provino del norte, y puesto que se consideraba a Baal como un dios de tormentas, los supersticiosos filisteos pueden haber huido aterrados por un dios cuya morada suponían que estaba en las montañas del norte. En su huida hacia el sur, probablemente los filisteos tomaron el camino más fácil para regresar a la llanura, camino que los llevaría a pasar directamente por Bet-semes hasta llegar a Ecrón. Por el camino fueron hostigados por los israelitas congregados. Y allí -como lo declaró Isaías siglos más tarde- bondadosamente Dios les dio inmediatamente "gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto" (Isa. 61: 3).
12.
Eben-ezer.
Literalmente, 'ében ha'ézer, "la piedra de la ayuda", lo que evidentemente 483 se refiere a la liberación providencial recién mencionada. Así como la ayuda había sido específica, también el recordativo debía ser de una forma definida y permanente. El hecho de que Dios los hubiera liberado de los enemigos en esa ocasión era tan sólo una prenda de futuras intervenciones de la Providencia. Samuel quería que los israelitas comprendieran que el Señor los asistiría siempre si tan sólo le obedecían día tras día, y no sin tomar en cuenta su proceder subsiguiente. Es bueno que el cristiano vuelva constantemente a los Eben-ezeres de la vida, donde sobrevinieron liberaciones providenciales, para desconfiar de sí mismo y alcanzar una entrega plena y confianza en Dios.
13.
La mano de Jehová.
El mismo incidente providencial puede ser tanto una bendición como una desgracia. Una bendición para los que se entregan a la mano guiadora del Señor, y una desgracia para los que eligen servir al yo. La misma tormenta significó una victoria para los indefensos israelitas, y una derrota para los filisteos, que confiaban en la fortaleza de dioses falsos y en las proezas de sus propios ejércitos. La misma columna de la presencia de Dios que proyectó luz sobre los ejércitos del Señor envolvió en oscuridad a las huestes egipcias. Quizá los filisteos